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Viernes, 10 de febrero de 2006
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SOCIEDAD
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«Hemos inyectado deseos de mejorar a quienes viven en la miseria»
La bilbaína Dulce María Pinelo dirige un colegio profesional para jóvenes sin recursos en Honduras Adecabi, una pequeña ONG vizcaína, apoya este proyecto
FORMACIÓN. La cooperante vasca, con varios alumnos en el centro educativo. / EL CORREO
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Hace dieciocho años que Dulce María Pinelo llegó a América porGuatemala. «Tuvimos que cruzarlo y nos pareció muy pobre», recuerda. Su destino era El Negrito, un municipio rural del norte de Honduras donde iba a prestar su colaboración desinteresada durante unos meses. Cuando regresó a España su apreciación era muy diferente. «Después de lo que habíamos visto, Guatemala se nos antojaba próspero».

Esta profesora bilbaína decidió volver, pero para quedarse definitivamente. «Encontré una terrible pobreza material y de recursos humanos. Además, no recibían ayuda del extranjero porque nadie los conocía», explica. Hoy, casi dos décadas después, la globalización también ha llegado a aquel rincón del continente. «Antes no había luz eléctrica y ahora contamos con Internet».

Pero las ventajas son mínimas ante una realidad socioeconómica devastadora. Los cultivos ancestrales ya no resultan rentables y las ciudades sufren elevados índices de paro, violencia y delincuencia organizada. «Yo a este país no le veo futuro», confiesa.

Clases de catequesis

Su primera labor fue de formación religiosa con las mujeres. «Como allí la Iglesia aún mantiene su autoridad, los maridos permitían que ellas se preparasen y a partir de ahí se envalentonaron, estudiaron y surgieron cooperativas», explica. «Podemos decir que hemos hecho liberación femenina a través de la catequesis». Sin embargo, la falta de expectativas provocaba la emigración de los más jóvenes». «Quisimos darles una opción, que no se integraran en los cinturones urbanos de miseria»

Junto a dos matrimonios españoles participó en la creación de un centro de enseñanza media y formación profesional. Tres maestros llenos de ilusión y un antiguo colegio religioso cerrado fueron el germen de la institución, el Centro Técnico San Ignacio. Actualmente imparten cursos de ebanistería, corte y artesanía o soldadura para ciento cincuenta alumnos. «Tenemos fama de rigurosos porque las escuelas públicas son de risa».

Mañana, hablará de esta iniciativa dentro de la presentación de la Asociación para el Desarrollo de los Pueblos Centroamericanos (Adecabi) que tendrá lugar a las once de la mañana en el ayuntamiento vizcaíno de Barrika. Esta ONG colabora en el mantenimiento de la institución que no cuenta con ningún apoyo oficial y se mantiene con cuotas mensuales y apoyos individuales. «Los padres se encargan de su limpieza y todo tipo de reparaciones».

Temor al cierre

Sus compañeros se fueron y sobre los hombros de Dulce reposa la continuidad del proyecto. «Hace dos años carecíamos de recursos suficientes y temí el cierre», señala. «Educamos a los más pobres y no podemos cobrarles lo que cuesta, aunque luchamos para alcanzar un mayor grado de sostenibilidad vendiendo los productos que elaboran los propios alumnos»

Un posible acuerdo con un entidad de comercio justo podría facilitar la distribución de sus manufacturas de madera . En cualquier caso, el balance anima su labor. Muchos de sus estudiantes han proseguido estudios y han accedido a la universidad, mientras que otros han conseguido abrir sus propios negocios.

No obstante, el reto es difícil para los hijos de los campesinos. La mayoría ha de madrugar para proveer de leña al hogar y alimentar las vacas del establo. También abundan los que han de abandonar el aula cuando llega la época de cosecha.

El sueño de la cooperante es apoyar, mediante créditos, la creación de talleres que aseguren el futuro de los licenciados con la suficiente iniciativa. «Porque hemos creado deseos de mejorar a quienes viven en la miseria y eso es muy importante».



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