Las protestas empezaron antes de la construcción del viaducto que sobrevuela la plaza de Rekalde, hace más de 30 años. «Nos lo pusieron a la fuerza». Tina García Moreno, que vive en la calle Filomena Baldezate, lo vio crecer desde su ventana. «Yo fui una de las afectadas. Mi casa no hubo que desalojarla, pero se abrieron grietas que todavía permanecen». Desde entonces, la «amenaza» con la que conviven les ha deparado varios sustos por la caída de ruedas, bobinas y otros objetos y al menos dos accidentes mortales. Un ertzaina y un joven murieron al ceder las estructuras de plástico instaladas bajo la mediana.
Con cada incidente se recrudecían las movilizaciones. Luego llegaba el escepticismo al comprobar que no se ponía fecha al derribo. «Nunca lo dimos por perdido, nos rebelábamos contra semejante monstruo, pero éramos bastante pesimistas», asegura Tina, miembro de la coordinadora anti-autopista. El compromiso de las instituciones para derribar el viaducto le parece «una buena noticia, la mejor para el barrio».
En Rekalde, «todo el mundo pasa bajo la autopista en algún momento del día. La tenemos sobre nuestras cabezas». A veces les acompaña «el ángel de la guarda», como el día en que un coche cayó desde la calzada, en 2001. En otra ocasión, un trozo de barandilla de la mediana se desplomó sobre la zona de juegos infantiles. Nadie resultó herido.
La esperanza se ha instalado en Rekalde, aunque a largo plazo, mientras los vecinos de Basurto han vuelto a ver cómo se retrasa la fecha prevista para derribar el 'scalextric'. «Hay que tomar medidas para mejorar la situación del tráfico. No podemos esperar a 2012», afirma Javier Muñoz, secretario de la asociación. Entre los partidos políticos también cunde el escepticismo. El PSE critica la «política de marketing» del PNV y tiene dudas sobre la financiación del proyecto, y el PP insta a las instituciones «a pasar de las palabras a los hechos». EB ha mostrado su satisfacción por los compromisos adquiridos.