Poco a poco, el Málaga se estaba desinflando. Llevaba nueve jornadas consecutivas -desde el 20 de noviembre- sin sumar los tres puntos. El final de Antonio Tapia se acercaba. Sólo el maltrecho estado de las arcas del conjunto andaluz le mantenía en su puesto. Hasta la pasada semana. Entonces, Serafín Roldán, presidente de la entidad blanquiazul dijo basta. Se hartó. El entrenador que pasó a la fama por emplear un micrófono con altavoz para dirigir los entrenamientos ya era historia.
Había que buscar un revulsivo para reconducir un tren que había entrado en vía muerta. Desde hacía tiempo se escudriñaba el mercado para encontrarlo. Ernesto Valverde, Hugo Sánchez... Todos eran muy caros: la solución estaba en casa. Se trataba de Manolo Hierro, secretario técnico del Málaga, y Juan Carlos Añón, ahora su ayudante, un hombre que hacía varias semanas había sido cesado del filial y sustituido por 'Lobo Carrasco'.
La lucha por la salvación se ha dejado en sus manos y en el primer asalto derribaron al Athletic pese a acabar el partido con diez jugadores. A Serafín Roldán no parece importale que el hermano del histórico capitán del Real Madrid no tenga experiencia en los banquillos. Conoce a la perfección una plantilla que él mismo ha construido.
Concejal y presidente
La historia de Manolo Hierro, no obstante, es peculiar. Primero con diez temporadas en Primera como jugador -Málaga, Valladolid, Betis y Tenerife-, después concejal de Deportes por el Partido Andalucista en Vélez Málaga, su localidad natal, y más tarde presidente de ese mismo equipo en el intento de solventar las deudas del club.
En 1999 Manolo Hierro entró en el Málaga como director deportivo y hace dos años consiguió el carné nacional de entrenador. Todo un currículum.