El Correo Digital
Domingo, 12 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

DEPORTES
ATHLETIC
La tenacidad no es suficiente
El Athletic, con ánimo pero sin fútbol, cae ante el Real Madrid y agrava su crisis
JUGADA POLÉMICA. Los jugadores rojiblancos reclamaron penalti en un agarrón de Woodgate a Aduriz que el colegiado no apreció. / FOTOS: LUIS ÁNGEL GÓMEZ, FERNANDO GÓMEZ Y BORJA AGUDO
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
LAS CLAVES
El primer gol del Madrid

El tanto de Robinho en el minuto 6 fue un jarro de agua fría para los rojiblancos, obligados a jugar cuesta arriba casi desde el principio. Un mal plan ante el Real Madrid.

La falta de ideas

El Athletic no supo encontrar el camino de la portería de Casillas, sobre todo en una segunda mitad demasiado plana en la que su única ocasión clara fue un cabezazo de Aduriz. 0-2

Publicidad

Está visto que el Athletic no encuentra la salida, esa luz al final del túnel en el que lleva metido toda la temporada. Tampoco pudo ser ante el Real Madrid, que supo ser eficaz y llevarse con justicia tres puntos de La Catedral, que ya no sabe a qué atenerse y sufre en silencio. Al equipo blanco, los de Clemente opusieron tenacidad, pero ya dijo el propio entrenador bilbaíno que para ganar al Madrid hacía falta algo más que eso. Hacía falta fútbol, ese tesoro que el Athletic busca, cada vez con más desesperación, pero no encuentra.
Lo cierto es que a los rojiblancosAthletic se les atravesó el partido desde el principio. Todas sus buenas intenciones iniciales, plasmadas en uno de esos arranques llenos de vértigo que prenden como una estopa en la grada de San Mamés, se frustraron con el primer gol del Real Madrid en el minuto 6. El jarro de agua fría fue cosa de Zidane, que está el hombre en una segunda juventud por mucho que medite su jubilación anticipada. El astro francés, pura clase destilada en el mejor alambique del fútbol, vio a Robinho bien enfilado y le puso el 0-1 en bandeja. Fue uno de esos goles, en fin, que se tienen que encajar con más resignación que rabia. Aunque duelan.
Sin espacios
El equipo de Clemente hizo esfuerzos por reponerse, siempre arrastrado por su público. Los problemas, sin embargo, llegaban a la hora de la elaboración. Con un Madrid bien puesto en su sitio, replegado pero dispuesto a estirarse a la mínima, los rojiblancos no encontraban espacios. Su dibujo táctico, con Iraola centrado y Orbaiz más adelantado de lo habitual tapando a Guti, dejaban la banda derecha demasiado huérfana. A Aduriz, su inquilino hasta el tramo final de la primera parte, le faltaban apoyos y penaba demasiado lejos del área. De este modo, las tres o cuatro buenas jugadas de ataque del Athletic en los primeros 45 minutos llegaron en contragolpes o acciones por el centro que Casillas, de un modo u otro, se encargó de desbaratar.
Las mejores de todas ellas fueron dos disparos consecutivos de Gurpegi e Iraola pasada la media hora. Pudo ser el empate, pero lo cierto es que, en la jugada siguiente, también pudo llegar el 0-2 en una contra que Robinho desperdició solo ante Lafuente. Vamos, que donde las daban, las tomaban. Y es que el Real Madrid, que tuvo que cambiar de percherón en el minuto 24 (Gravesen salió por Pablo García, lesionado tras un golpe de Urzaiz), estaba con el gatillo preparado.
De hecho, sólo dos impecables acciones del portero de Retuerto, primero de nuevo ante Robinho y poco después frente a Ronaldo, impidieron a los blancos aumentar la renta antes del descanso. En realidad, puede decirse que el Athletic, a pesar de ser un dechado de buena voluntad, salvó los muebles en la primera parte y pudo afrontar la segunda con algunas posibilidades de deshacer el entuerto. Desde luego, por ilusión del equipo y aliento de la grada, no iba a quedar.
El mismo guión
El tipo de partido estaba escrito para los bilbaínos, entre quienes hubo que contar al reaparecido Murillo, que ocupó el sitio de un tocado Ustaritz. Era cuestión de acertar, justo lo que no hizo Aduriz en un cabezazo que se le fue fuera desde el borde del área pequeña en el minuto 46, y de contener el aliento y apelar a todas las providencias divinas conocidas (y a Lafuente) en los contragolpes de un Madrid consciente de que todavía tenía faena por delante y estaba obligado a sentenciar el duelo. No podía dejarlo al albur de un contratiempo en el área de Casillas.
El Athletic insistió, mientras su rival iba declinando hacia un estado cada vez más especulativo. El valor de la tenacidad, sin embargo, no es suficiente ante equipos tan armados como el de López Caro. Hacen falta ideas y los rojiblancos no estaban ayer, precisamente, lúcidos. El equipo echaba de menos a Etxeberria, Yeste y Tiko. Y le faltaba profundidad por las bandas, que siempre es un argumento, la luz que hay que buscar en las tinieblas. Así, acabaron entregados a la tentación de la heroica por el centro, a través de Llorente, que salió por Urzaiz a la hora de partido, y de Guerrero, sustituto de un Dañobeitia poco más que voluntarioso.
De este modo, sin apenas inquietar a Iker Casillas, tensos y confundidos en un tráfago inútil, acabaron sucumbiendo a un 0-2 en el descuento, obra de Raúl Bravo, y con él a la evidencia de una nueva derrota; desde luego nada que ver con la sangrante de La Rosaleda, pero derrota al fin y al cabo en un momento cada vez más dramático. Las soluciones se adivinan cada vez más complicadas para un equipo que no se encuentra a sí mismo por mucho que lo intenta.



Vocento