El Correo Digital
Domingo, 12 de febrero de 2006
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DEPORTES
ATHLETIC
San Mamés sigue en pie
La afición continúa siendo el mejor apoyo de un equipo que se ve incapaz de reaccionar y alejarse del peligro
ENTREGA. Los aficionados rojiblancos estuvieron con sus jugadores en todo momento, pese a ir por detrás en el marcador. / JORDI ALEMANY
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El ambiente presagiaba una noche mágica en San Mamés, de esas en las que el público empuja al Athletic hacia la victoria. Los cerca de 40.000 aficionados que abarrotaron las gradas del estadio bilbaíno comprendieron desde el primer instante el dramatismo del partido. No importó que los socios tuviesen que pasar por taquilla en el segundo 'medio día del club'. Tampoco importó que el encuentro fuese televisado en abierto ni la hora programada para el mismo. Ayer, más que nunca, los futbolistas de Clemente necesitaban sentirse arropados, recobrar la autoestima perdida, y los aficionados, una vez más y a pesar de la derrota, respondieron con su apoyo incondicional.

Sin embargo, la delicada situación clasificatoria del Athletic se podía palpar en cada mirada, en cada gesto involuntario, de los seguidores rojiblancos. El ambiente estaba cargado de tensión y los aficionados, con el corazón en un puño, hacían esfuerzos por disimular su preocupación. Pero no paraban de animar y, cuando sus gargantas empezaban a resquebrajarse por el esfuerzo, sólo necesitaban un pequeño empujón de coraje de los rojiblancos para volver a tronar con fiereza.

Ni siquiera el jarro de agua helada que supuso el tempranero gol de Robinho fue suficiente para instalar la duda entre la hinchada rojiblanca. Y es que La Catedral sabe que, mientras el balón está en juego, de poco o nada sirve mostrar sus miedos o su disconformidad. Mientras exista el más mínimo signo de esperanza, prefiere agarrarse a un clavo ardiendo. Por eso, el gol del brasileño, aunque hizo daño, no modificó el exquisito comportamiento de los aficionados. Cada ocasión, por aislada que fuese, era recibida con gran alborozo y sólo faltaba el gol del empate, ese tanto que sirviese para que la grada descargase toda la tensión que lleva acumulando durante toda la temporada. Pero no fue posible. El gol de Raúl Bravo, ya en minutos de descuento, despobló las gradas. Pero San Mamés siguió a lo suyo. Sólo se escucharon unos tímidos pitidos, pero que se mezclaron con los aplausos a los jugadores por el esfuerzo realizado.



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