Las principales calles de Madrid sirvieron como escenario de un sueño hecho realidad. ¿Quién no ha deseado alguna vez poder compartir un entrenamiento con una leyenda del atletismo? Fueron algo menos de seis kilómetros, pero el recuerdo perdurará toda la vida. Haile Gebreselassie, uno de los mejores fondistas de la historia, nos concedió el honor a un grupo de periodistas de acompañarle durante un acto promocional del MAPOMA, que se celebra el 30 de abril.
La primera impresión que se tiene sobre el atleta etíope es que es tan grande en las competiciones como fuera de ellas. Haile Gebreselassie agranda su leyenda con su sencillez, humildad y cercanía, algo sorprendente viniendo de uno de los más grandes fondistas de la historia del atletismo. Durante el pasado fin de semana, el etíope recaló en España y dejó muestras de su categoría. Si el domingo por la mañana venció en el medio maratón de Granollers con un tiempo de 1.00.07, por la tarde noche, en Madrid, deleitó con su personalidad y su profesionalidad.
La sonrisa no desapareció ni un momento, pese a que se había levantado a las seis de la mañana para competir y no probó bocado hasta más allá de las diez de la noche, después de atender a EL CORREO.
Su perenne sonrisa y su alegría tienen una explicación. A pesar de su larga y laureada trayectoria, Gebreselassie disfruta corriendo, como él mismo explicó. Le da lo mismo que sea en una competición de primer orden que en una exhibición con un grupo de periodistas por el centro de Madrid. Transmite alegría y la contagia, y como consecuencia, las bromas y los gestos de complicidad fueron constantes durante las tres etapas del viaje por la capital de España que una veintena de personas, entre atletas de élite -Alberto Juzdado-, populares e informadores, tuvimos el placer de disfrutar.
Aplausos y autógrafos
La exhibición comenzó en la Plaza de Colón, donde la comitiva que acompañó al pequeño atleta africano se lanzó a correr por las calles de un Madrid desierto, en una fría tarde-noche de domingo. El reducido pelotón de atletas llamaba constantemente la atención de los viandantes, muchos de los cuales reconocieron la figura del atleta y aplaudieron a su paso.
El gesto motivó la respuesta de Haile Gebreselassie, que no se cansó de saludar, firmar autógrafos y fotografiarse en cada parada del recorrido, algo que hizo incluso con los guardias municipales que le abrieron paso por Madrid. El Paseo de la Castellana hasta la Plaza de Castilla, donde el etíope puso a prueba la resistencia de los que le acompañamos, y la Puerta de Alcalá, donde relajó su ritmo a petición del sufrido pelotón de acompañantes, fueron los otros escenarios de una noche mágica. En total, casi seis kilómetros al lado de un mito viviente del atletismo, que además demostró ser un campeón como persona.