La economía mundial deberá continuar creciendo «a buen ritmo» en 2006. Esa es la opinión de los ministros de Finanzas de los ocho países miembros del G-8 -Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá y Rusia-, reunidos ayer por primera vez en la capital rusa para hablar fundamentalmente de energía y liberalización comercial. Los altos precios de los hidrocarburos son precisamente la única amenaza que pende sobre la economía del planeta mientras se buscan fórmulas para tratar de reducir el enorme abismo existente entre países pobres y ricos.
«El crecimiento global continúa sólido y se espera que siga así en 2006», se señala en el comunicado dado a conocer ayer tras el encuentro de los titulares de Finanzas de Rusia y los siete países más industrializados del mundo. Al mismo tiempo, el documento advierte de que «los elevados y volátiles precios de la energía» podrían suponer un riesgo.
El director del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo Rato, presente ayer en la reunión del G-8, aseguró que el mercado del petróleo debe ser más transparente para evitar la especulación y la volatilidad, factores que conducen a subidas injustificadas de los precios hasta alcanzar niveles peligrosos. Rato señaló que el incremento de las tarifas energéticas, no sólo está relacionado con la fuerte demanda, sino también con «restricciones de la oferta». A juicio del director del FMI, esas limitaciones pueden llegar a causar «problemas macroeconómicos que aún no hemos visto».
Otra de las decisiones adoptadas en Moscú tiene que ver con la lucha para reducir los desequilibrios entre países pobres y ricos. A este respecto, el G-8 ha dado su apoyo a la decisión del FMI de poner en funcionamiento medidas encaminadas a condonar la deuda a los 19 países más pobres del mundo. La deuda global de esos estados asciende a casi 3.000 millones de euros.
Ayer se dio un espaldarazo a Rusia al valorarse como «positivos» los indicadores de su economía. El gran país eslavo presidirá el G-8 durante todo 2006 y organizará la cumbre anual de jefes de Estado, que se celebrará el próximo mes de julio en San Petersburgo. Rusia es el primer exportador mundial de gas y el segundo de petróleo. Gracias a los enormes ingresos procedentes de la energía, se siente un socio financiero fiable. Moscú trata también de convencer de que es un proveedor de hidrocarburos serio, pese a los nefastos efectos que sobre los países europeos tuvo a principios de año el enfrentamiento con Ucrania por los precios del gas. En la reunión de ayer, el presidente ruso, Vladimir Putin, propuso crear un mercado mundial del gas similar al del petróleo.