La Cámara de Álava, pese a ser la más pequeña del País Vasco, va a ser la que concentre el mayor grado de interés en las próximas elecciones. La decisión de su actual presidente, Josu de Lapatza, de intentar repetir un nuevo mandato de cuatro años, y la de la patronal alavesa SEA de impulsar un cambio de rumbo, de la mano de Román Knörr ha sido la gran sorpresa de unas elecciones que, habitualmente, suelen nacer teledirigidas y controladas.
La pugna ha provocado la presentación de al menos dos candidatos -en algunos casos, hasta seis- para la inmensa mayoría de los 24 puestos de que se compone el pleno de la institución. No parece que detrás de esta confrontación se escondan intereses políticos, ni tampoco programas de actuación diferenciados. La clave, aunque simple, quizá haya que encontrarla en el deseo de SEA de tener una mayor influencia en la Cámara de Comercio y en la negativa de Lapatza a ceder su puesto, a pesar de que fue la propia patronal alavesa la que apoyó su elección hace ahora ocho años. El actual presidente, sin embargo, cuenta con el apoyo de un grupo de empresarios de este territorio, dispuestos a plantar cara a la organización empresarial que preside Carlos Zarceño.
Así las cosas, el proceso electoral de Álava está muy abierto y probablemente no se conozca el desenlace hasta el último momento.
Sin alteraciones
En el caso de Vizcaya y Guipúzcoa no habrá variaciones sobre el panorama actual. En estos dos territorios, el PNV, de forma extraoficial, controla con mano firme un proceso que desenvocará en la reelección de Ignacio Echeberría y José María Echarri, respectivamente, como máximos representantes de estas dos corporaciones.
Ninguno de los dos ha generado problemas a la Administración vasca durante su mandato y éste es un valor que cotiza al alza en las filas nacionalistas.