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Domingo, 12 de febrero de 2006
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VIZCAYA
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800 baserritarras vizcaínos recurren a explosivos para acabar con los topos
La empresa pirotécnica Astondoa vende en exclusiva una trampa que se vale de un petardo para matarlos Aseguran que es «más ecológico» que el veneno
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OTROS MÉTODOS
Para ahuyentarlos o capturarlos

Aparatos de ultrasonidos: Emiten ruidos intermitentes muy molestos que espantan a estos pequeños mamíferos. Se clavan en la tierra, van a pilas y tienen un radio de acción de varias decenas de metros. Son eficaces e inofensivos para perros y gatos.

- Introducir un trapo empapado de gasolina en la entrada de las madrigueras.

Bolitas de alcanfor en las toperas: Su olor les repele y huyen.

Trampas: Las hay que no hieren al topo. Una vez capturados, hay que sacarlos del artilugio y soltarlos en otra zona.

Hay cartuchos que el topo hace estallar involuntariamente y les dejan sordos.

Para prevenir su presencia es eficaz controlar el exceso de lombrices y los gusanos del suelo, ya que les sirven de alimento.

Para matarlos

Cepos en las galerías: Mueren en cuanto caen.

Cebos envenenados: Si se aplican, han de seguirse escrupulosamente las instrucciones que figuran en el envase. Son conocidos como topicidas.

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Ni garrotes, ni veneno, ni aparatos de ondas electromagnéticas. Lo último para acabar con las plagas de topos son los petardos. Más de 800 baserritarras han encontrado en un 'explosivo' artilugio que oferta en exclusiva la Pirotecnia Astondoa la solución definitiva a los destrozos que causan estos pequeños mamíferos en sus huertas y jardines. Cansados de aplicar métodos que sólo arreglaban el problema de forma parcial o temporal, los baserritarras recurren a este «efectivo» invento francés que adquirió la centenaria empresa vizcaína hace tres años.

Esta alternativa al tradicional topicida o al también usual 'escopetazo', consta de un tubo verde con una varilla que debe colocarse junto a la topera que se desee erradicar. En primer lugar, el usuario debe retirar parte de la tierra del acceso a la galería, dejando la entrada lo más limpia posible. Esta maniobra origina una corriente de aire muy molesta para los topos, que acuden a reparar el inesperado 'desperfecto'. Al acercarse a la trampa, el animal roza la varilla que pende del tubo, activando un mecanismo eléctrico a pilas que hace explotar un petardo de escasa potencia. Pero lo que mata al animal no es la deflagración en sí, sino «la onda expansiva», aclara el proveedor del producto.

Izaskun Astondoa, gerente de la empresa vizcaína, asegura que este sistema es mucho «más ecológico» que cualquier otro porque los venenos «contaminan la tierra». Además, resalta la «gran acogida» que el invento ha tenido entre los vecinos del municipio vizcaíno de Areatza y alrededores «gracias al boca a boca». Muchos baserritarras desesperados por la presencia de topos en sus huertas acudieron al centenario negocio de los fuegos artificiales al oír hablar del novedoso invento. «Viene mucha gente que ya lo ha probado todo en busca de una solución definitiva y quedan encantados. Quien lo prueba, repite», asegura Astondoa, que dio a conocer 'Sator, el matatopos' recorriendo durante un año varias cooperativas agrícolas y puntos de venta de productos topicidas.

El 'kit', que consta de la trampa y cinco petardos de recambio, cuesta unos 62 euros. «Si se cuida bien, el aparato puede durar años, así que normalmente los clientes vuelven sólo a reponer los explosivos», relata la experta. «Puede parecer caro, pero es una inversión que se amortiza enseguida», añade. Cada 'pack' de cinco recargas cuesta otros 14 euros.

Problema «importante»

Ahora se encuentran hibernando, pero en las épocas de primavera y otoño los topos pueden llegar a construir galerías de 250 metros de longitud (suelen cavar de 10 a 15 metros por hora) e 'inaugurar' más de 50 toperas durante una sola temporada, causando importantes destrozos en jardines, parques y huertas.

No hay que confundir los topos con los topillos, que son roedores herbívoros que además de labrar galerías, salen por la noche y roen hojas, frutos y tallos de las plantas de los jardines. Estos animales son propios de zonas húmedas como Asturias y Galicia, una comunidad para la que estos mamíferos suponen un problema «importante». «Una empresa gallega se interesó por nuestro producto y ahora lo venden allí a través de sus franquicias», revela Astondoa.

A pesar de todo, tener a estos pequeños insectívoros en la huerta o el jardín también aporta ventajas nada desdeñables: capturan insectos dañinos para el terreno como el gusano blanco o las lombrices, y sus galerías ayudan a oxigenar y drenar el terreno.



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