DE CUANDO EN CUANDO OLMO Hoy vamos a hablar del tiempo. Mejor dicho, de la medida del tiempo, porque suelo quedarme entre absorto y turulato cuando leo los increíbles esfuerzos que hacen los técnicos en meteorología, astronomía y otras ciencias afines, para medir los segundos llegando hasta lo inverosímil, por no decir chiripitifláutico, adjetivo imaginario pero muy expresivo.
En una noticia aparecida recientemente en nuestro periódico, resulta que los expertos en astronomía y ciencias del espacio, han medido la duración del año y se han dado cuenta (¿que espanto!) de que la tierra se va cansando de caminar por el espacio sideral dando vueltas monótonamente alrededor del sol y por lo visto, cada vez tarda más en hacer la ronda.
¿Cuánto se ha retrasado nuestro vago planeta en su carrera? Pues asómbrense ustedes. Lleva ya un segundo de retraso, así como suena. Y como esto al parecer supone una auténtica catástrofe, los astrónomos y científicos espaciales han tomado la tremenda decisión de compensar esta vagancia telúrica, haciendo que este año 2006 dure un segundo más, que yo no sé si en realidad es un segundo menos porque con los números soy un desastre. Lo copio como lo leo y que cada cual saque sus conclusiones.
Según pude leer en esa información, este año 2006, cuando el día 31 de diciembre los relojes marquen las 23:59:59 se pasará a las 23:59:60 y acto seguido, a las 00:00:00 del día 1 de enero de 2007, lo que quiere decir que la ingestión de las doce uvas va a sufrir un trastorno, porque un segundo es un segundo. Al menos para estos medidores del tiempo, que llegan su precisión a extremos inexplicables para los simples profanos como nosotros.
Y para que vean ustedes que no exagero en lo de inexplicables, les ofrezco la definición oficial de un segundo. Oído al parche. Agárrense que vienen curvas. «Un segundo es la duración de 9.192.631.770 períodos de la radiación correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del átomo de cesio 133». Lo que se hace público para conocimiento, sobre todo de las señoras que consideran que el colmo de la puntualidad es llegar a las citas con un cuarto de hora de retraso (a la hora, salvo contadas excepciones, no llega ninguna).