El puerto de Bilbao ha batido su propio récord histórico de movimiento de mercancías al tratar nada menos que 33,2 millones de toneladas con un incremento del 2,25%. Visto en términos absolutos, batir un récord siempre es un motivo de orgullo y satisfacción; pero, analizado en términos relativos, el logro mengua.
En efecto, las importaciones españolas crecieron el año pasado más del 11% y las exportaciones más del 3%; y aunque, evidentemente, no todos los intercambios con el exterior utilizan la vía marítima, comparando las cifras es de suponer que el crecimiento obtenido por el puerto de Bilbao es menor que la media, lo que nos lleva a una pérdida significativa de cuota de mercado. Una parte de ello se justifica por el mal tiempo atmosférico registrado a finales de año, lo que dificultó la llegada de algunos barcos obligados a posponer su entrada en nuestros muelles. El impacto de los retrasos se ve con claridad al comprobar que el crecimiento del pasado enero fue ciertamente espectacular: un 12,5% sobre el mismo mes del año anterior.
Más difícil es saber si una parte de la cuota perdida se debe o no a una merma de competitividad frente a otros puertos similares y próximos. La actividad portuaria ha sido siempre, y lo es hoy en día, un soporte fundamental para la economía vizcaína que, en gran medida ha vivido fagocitada a su alrededor. Pero, como ocurre en todos los demás sectores, la competencia aprieta y todos los días ofrece nuevos servicios a costos más ajustados. En ese sentido, los problemas del transporte terrestre -es decir, la salida del puerto y el enlace con sus clientes- ensombrecieron el nombre del puerto el pasado año. Por eso, su pronta solución debería ser un alivio para conseguir el reto de seguir batiendo récords sin perder cuota de mercado.
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