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Martes, 14 de febrero de 2006
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OPINION/Ducha escocesa
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El Gobierno iraní anunció ayer que pospone la prevista reunión con colegas rusos el jueves para examinar las posibilidades de trasladar a suelo ruso las actividades de enriquecimiento del uranio. Moscú hizo saber de inmediato que «por su parte, mantiene abierta la fecha» y Teherán anunció que «estaba estudiando otra».

El Ejecutivo iraní recurre de nuevo a lo que los franceses llaman 'ducha escocesa', fría y caliente alternativamente: de cara a la sesión que el 6 de marzo celebrará en Viena la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), la reunión de Moscú suscitaba esperanzas de arreglo y era percibida como prometedora e ingeniosa. Una 'joint venture', empresa conjunta ruso-iraní a la que podrían unirse terceros países, enriquecería el uranio en territorio ruso y bajo los controles de la Agencia.

Técnicamente, Irán sólo dependería para la recepción del combustible nuclear que requieran sus centrales de un vecino respetado y sensible a sus argumentos y a su peso regional, la Federación Rusa, empeñada además en recuperar peso político en Oriente Próximo y Asia Central, en reeditar en cierto modo el papel clásico de la vieja URSS. Sagazmente, la Unión Europea y los Estados Unidos habían hecho saber que aceptaban la fórmula.

Adicionalmente, y siempre en ese contexto de aparente caos informativo en Irán, el presidente Mahmud Ahmadineyad había sugerido el sábado que podría abandonar el Tratado de No Proliferación nuclear si seguían las presiones occidentales sobre su programa, pero el Ministerio de Exteriores precisó el domingo que no había tal cosa y que el país se sentía «por completo vinculado con las estipulaciones del tratado».

Eso no impidió reanudar ayer el enriquecimiento en la planta de Natanz, acción que, como tal, no viola el TNP si, como ha sido el caso, se ha comunicado a la AIEA. Teherán, en fin, espera algún fruto de las gestiones que entiende hacer la próxima semana en Viena el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov. Si no sale nada de todo este acelerado proceso, el seis de marzo la junta de gobernadores de la AIEA votará la remisión formal del dosier al Consejo de Seguridad de la ONU.

Eso, sin embargo, no significaría gran cosa en términos prácticos porque ni Rusia ni China, que aceptaron 'informar' al Consejo en la reunión extraordinaria de la agencia el día 2 del corriente mes, están por elaborar y menos aún aplicar un programa de sanciones. Con la 'ducha escocesa' como marco, todavía toca esperar un poco más.



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