Estamos en unas circunstancias que me permiten tener la convicción de que puede empezar el principio del fin de la violencia», dijo usted el pasado viernes, mi señor Zapatero. Empezar el principio, seguir la continuación y terminar el final. Admirable sentido del orden. Para que diga la oposición que no tiene usted clara la hoja de ruta en la lucha antiterrorista.
Hay otros aspectos de su comparecencia más criticables. Por ejemplo, que no informe a Rajoy, porque no se fía. Es una ofensa gratuita. Tampoco parece fiarse de sus socios, como le ha recordado Durán i Lleida al proponerle cita en la Comisión de Secretos Oficiales. ¿Le parece razonable no fiarse de otros representantes de la ciudadanía a los que pide confianza en usted y en cambio sí se fíe de las cositas que le han contado por persona vicaria los dirigentes de una organización terrorista?
Afirma sentirse «con toda la autoridad moral para pedirle al PP el apoyo a la política antiterrorista de mi Gobierno como yo se lo di a Aznar». Era natural, José Luis, que usted apoyara a José Mari. La estrategia antiterrorista del PP tenía dos patas: la primera, el Pacto Antiterrorista, lo propuso usted. La segunda, la Ley de Partidos, la pactaron. Eso es lo normal, que la oposición apoye al Gobierno en políticas de Estado que se pactan previamente. Pero usted cambió la estrategia de la derrota de ETA por la de la negociación y rompió con su socio anterior (148 escaños), para pactar con los comisionistas (38 escaños). No es la cerrazón del PP, sino el pacto del Tinell. ¿Debería haber apoyado usted la participación de España en la guerra de Irak porque la política exterior es política de Estado? «¿De qué, si no se me consultó?», dirá muy puesto en razón.
Lo peor, con todo, son las fugas de la realidad. Un suponer, cuando contó que en 2000 le dijo a Aznar: «nada me haría más ilusión que ver el final del terrorismo siendo tú presidente del Gobierno». No puede ser, presidente. Lo verosímil es que hubiera dicho «siendo yo». Debe cuidar estas expresiones, con el fin de que sus detractores no puedan acusarle de superar los límites del buenismo para rozar los del abundismo. El abundismo no es la manía de abundar, no se deje llevar por sus intuiciones etimológicas. Se trata de la doctrina creada a comienzos del siglo XIX por don Abundio de Remate y del Haba, incorregible optimista antropológico y partidario a ultranza de la paz y de las bienintencionadas teorías del doctor Pangloss. So pretexto de que a su paso por el País Vasco dejó tras de sí tres guerras carlistas, la derecha, que siempre ha sido igual, escarneció su memoria mediante locuciones despectivas, como «ser más tonto que Abundio», «ser tonto de remate» o «ser tonto del haba».
Tarea para el próximo Consejo de Ministros y Ministras: Discutan la asombrosa polisemia del verbo «derrotar».
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