El Correo Digital
Miércoles, 15 de febrero de 2006
 Webmail     Alertas    Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
CONTADOR entrenando esta semana en Estepona. / LIBERTY
ALBERTO CONTADOR CICLISTA DE LIBERTY SEGUROS-WÜRTH
Parecía el final: Alberto Contador se desplomó en la Vuelta a Asturias, en mayo de 2004. Un cavernoma, una malformación congénita, le llenó el cerebro de sangre. Hubo que extirparlo. Tuvieron que abrirle la cabeza en un quirófano. Y resultó el principio: el 17 de noviembre, ante el asombro de los médicos, volvió a subirse a su bicicleta. Parecía una locura. Lo fue: a mediados de enero, en su primera carrera, el Tour Down Under, levantó los brazos. Luego repitió en la Semana Catalana, la crono de la Vuelta al País Vasco y el Tour de Romandía. Parece joven -apenas 23 años-, pero viene de lejos, de una operación a vida o muerte. Parece escalador y también es contrarrelojista. Sentado en una sala del hotel Elba de Estepona, parece un chaval más de Pinto, de mirada despierta y certera, que habla con el cascabeleo de una sonrisa. Que al levantarse de aquella camilla de hospital se hizo centinela de su propio destino. Y que pedalea flotando sobre la imagen que soñó bajo la anestesia: él en el Tour.
 
 

Vocento