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Miércoles, 15 de febrero de 2006
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CULTURA
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OPINION/Positivo
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No hay duda de que la recta final en la presente temporada de ópera de Bilbao contribuye a consolidar un año ciertamente positivo, donde la voluntad de apertura a montajes novedosos, la intención divulgadora y el mantenimiento de una alta calidad belcantista hacen presagiar objetivos próximos de mayor envergadura. Algo bien evidente en las tres óperas restantes, puesto que en todas ellas se combinan directores musicales y escénicos de reputada solvencia con intérpretes líricos de sobra conocidos. En 'Madama 'Butterfly', Christopher Alden y Antonello Allemandi, este último siempre bien recibido y querido en Bilbao. Y lo mismo sucede con Alain Garichot y Alain Guindal en la respectiva dirección escénica y musical de 'Manon' y 'Los cuentos de Hoffmann', puesto que si el primero ya goza de una enorme experiencia con controversia incluida en su 'mise en scène' de la obra de Massenet, el segundo no le queda a la zaga tras haber dirigido a Alfredo Kraus y Barbara Hendricks en el clásico de Offenbach.

En cuanto a los intérpretes, poco que añadir a la elegancia y sólida técnica de Fiorenza Cedolins (Madama Butterfly), inolvidable desde su Amalia en 'I Masnadieri'. Lo mismo que Ainhoa Arteta y Aquiles Machado en 'Manon' y 'Los cuentos de Hoffmann', respectivamente. Más no termina en esto lo positivo de la temporada, porque junto al acierto de una auténtica gala con la diva Bartoli y su especialidad en Haendel, tampoco se pueden olvidar las más humildes e imprescindibles funciones para niños. Todo positivo, sí, pero siempre mejorable.



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