La economía de la zona euro no acaba de levantar cabeza. El pasado año creció sólo un 1,3%%, ocho décimas menos que el anterior, por la persistente debilidad de sus principales potencias; en especial, de Alemania, cuyo Producto Interior Bruto (PIB) apenas avanzó un 0,9%. Esos resultados, avanzados ayer por Eurostat, contrastan con la pujanza de España, que registró un aumento del 3,4%, tres décimas superior al del ejercicio precedente y el mejor registro desde 2001, según la estimación inicial que difundió el Instituto Nacional de Estadística (INE). El dato oficial se conocerá el próximo día 22.
La Comisión Europea atribuyó en buena medida el frenazo registrado por la actividad en los Doce a la «decepcionante» evolución del cuarto trimestre, que no fue una «sorpresa total» ya que algunos indicadores la apuntaban, según explicó Joaquín Almunia, su responsable de Asuntos Económicos. En ese periodo, el PIB de la Eurozona apenas mejoró un 0,3% respecto al periodo julio-septiembre -la mitad que en el trimestre anterior- y un 0,4% -dos décimas menos- en el conjunto de la UE, que cerró el año con un avance del 1,6%. Esa cifra también representa un descenso de ocho décimas respecto a la registrada en 2004.
Estos resultados, más propios de una economía estancada que de una zona con pretensiones de liderazgo a escala planetaria, constituyen un jarro de agua fría para los 25, que esperaban concluir mejor el ejercicio. El tercer trimestre, a fin de cuentas, había presentado una línea de aparente recuperación, que llevó a Bruselas y a los ministros de Finanzas de la Unión (Ecofin) a anticipar la llegada de tiempos mejores.
No sin sorpresas, es la persistente debilidad de las grandes potencias europeas de la UE en general, y de la Eurozona en particular, la que está en el origen de esa mediocre evolución . Alemania, por ejemplo, se estancó en la recta final del año -su crecimiento fue cero en relación al trimestre anterior- y su PIB aumentó un pírrico 0,9% en el conjunto del ejercicio por la debilidad del consumo.
Optimismo
La Comisión y los estados miembros reaccionaron a los malos datos con buena cara. Pese a todo, «tenemos buenas razones para ser optimistas», subrayó el ministro austríaco Karl-Heinz Grasser tras el Ecofin que se celebró ayer en Bruselas. Algunas señales, como la mejoría de la confianza de los consumidores y de las empresas en las últimas semanas, inducen a pensar que la tan esperada recuperación ya está en marcha, apuntó. En similares términos se expresó el comisario de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, quien reiteró los fundamentos en los que se apoyan las favorables previsiones de Bruselas para este año y el próximo.
El vicepresidente español Pedro Solbes coincidió con esas opiniones e hizo hincapié en el «muy positivo» incremento del PIB en España -el 3,4%-, que acelera su convergencia con la media de la Unión. Además, subrayó que en el último trimestre «se aceleró ligeramente», hasta alcanzar un ritmo del 3,5%, y se produjo un «reequilibrio» al crecer «algo menos» la demanda interna y reducirse el peso negativo del sector exterior.