«¿Menos mal que ha pasado a la hora de comer!». Ésta era la frase más pronunciada ayer por los trabajadores que salían de La Naval. Algunos todavía llevaban el buzo puesto y apenas lograban andar dos pasos antes de volver la mirada al astillero y estremecerse al recordar lo sucedido. «!Si llega a ocurrir una hora más tarde, podría haber sido una desgracia», espetaban.
Antonio estaba en uno de los talleres cercanos a la grada donde se construye el 'gasero' cuando el pesado bloque se vino abajo. «Lo primero que pensé es que pasaba algo en las tuberías de la máquina de soldar», explicaba. Apenas tuvo tiempo de comprobar que el equipo estaba en condiciones cuando sus compañeros se lanzaron a la calle para ayudar a los posibles heridos, «que otras veces ya los ha habido». Por fortuna, ayer no. «Menos mal que no quedaba casi nadie en del barco», repetía.
Pocos trabajadores vieron lo sucedido con claridad. Algunos recogían materiales en la zona del muelle más cercano a la ría y un ruido «ensordecedor» les obligó a girar la cabeza. Observaron con estupor cómo las colosales grúas del astillero, capaces de soportar cientos de toneladas de peso, se doblaban como si fueran de mantequilla.
Bromas y preocupación
Una vez comprobado que nadie había resultado herido, las bromas intentaron aplacar los nervios de los trabajadores, que estaban a flor de piel. «¿A mí me ha pillado meando y ni me enterado», se desternillaba José. Un grupo de empleados tuvo que animar al conductor de la grúa que llevaba la plataforma donde se suben los responsables de maniobrar la pieza en el aire «porque se había quedado blanco y casi no podía hablar». «¿A saber cómo estarán los que controlaban las cabrias que se han venido abajo!», murmuraban. Las conversaciones giraron pronto hacia las hipótesis sobre lo sucedido, que empezaron a correr sin freno. «Ha sido el cable del estrobo de sujeción, que no ha aguantado», aseguraba Aitor, mientras su amigo Pedro le matizaba: «yo he oído que un mal giro ha revirado el bloque hasta romper una de las poleas».
«Mañana ya nos dirán los resultados de la investigación; lo peor es lo que va a pasar con nosotros», se quejaba Iñaki, empleado de una de las empresas auxiliares que trabaja para La Naval. Los daños en el 'gasero' pueden provocar una paralización temporal de los trabajos y muchos tendrían que esperar en la calle hasta que se reanuden. La reflexión del grupo de jóvenes amigos fue interrumpida por una nueva cuadrilla que se santiguaba al superar la garita del astillero. «Menos mal que era la hora de comer y estábamos a cientos de metros», repetían.