El 'codorniz-gate', el accidente cinegético protagonizado este fin de semana por el vicepresidente estadounidense, Richard Cheney, empieza a adentrarse en el terreno de la tragicomedia. Junto al aluvión de chistes y reproches por el silencio inicial de la Casa Blanca, ayer se supo que la víctima de este suceso -el abogado multimillonario republicano Harry Whittington, de 78 años- ha sufrido un ataque cardiaco menor provocado por los múltiples perdigones que a una distancia de unos veintisiete metros le alcanzaron de lleno.
Whittington recibió el impacto del disparo en el rostro, cuello y pecho, según una testigo, Katharine Armstrong, la dueña del rancho en el sur de Texas en el que Whittington, Cheney y una tercera persona estaban de caza cuando se registró el incidente.
El herido, ingresado desde el pasado sábado en el Hospital Memorial de Corpus Christi y que ayer aspiraba a recibir el alta médica, ha sido trasladado a la unidad de cuidados intensivos para ser sometido a tratamientos adicionales. Según el último parte facultativo, «algunos de los perdigones en el paciente se han movido y depositado en su corazón», provocando una ataque cardiaco asintomático. Por el momento, los médicos de Texas que actúan en consulta con los galenos de la Casa Blanca han descartado la posibilidad de una intrusiva operación quirúrgica, pero han reconocido que la situación no es trivial.
Cheney además de romper la primera regla de todo cazador -estar completamente seguro de a qué se dispara- habría violado también las regulaciones de Texas por no haber cumplimentado todos los trámites burocráticos requeridos por las autoridades estatales para la caza de aves.
Además, la Casa Blanca retrasó todo lo que pudo la noticia sobre el accidente, pero finalmente tuvo que reconocerlo después de que lo publicara el pequeño periódico local de Corpus Christie tras conocerlo de boca de la propietaria del rancho.
A juicio de uno de los más famosos humoristas del país, Jay Leno de la cadena NBC, el vicepresidente de Estados Unidos se ha convertido «en el hombre de la Casa Blanca con peor puntería desde Bill Clinton».