No es ninguna novedad que el sistema de cañerías de Bilbao es manifiestamente mejorable. Con la calle Buenos Aires cerrada al tráfico por culpa del alcantarillado, los vecinos de Santutxu tuvieron ocasión de comprobarlo en sus grifos y en su calle. En sus grifos porque sufrieron un corte de agua, en la calle, porque el reventón de una de las conducciones principales de agua que bajan hacia Bolueta convirtió en una torrentera el tramo de Luis Luciano Bonaparte. Recuerdo yo que en las primeras elecciones municipales, allá en los tiempos en que casi todo parecía posible, hubo una candidatura sorprendente en Sant Boi del Llobregat. Progresistas y Galantes se llamaba, y el punto central de su programa electoral prometía desviar el curso del río Llobregat y hacerlo pasar por la calle principal del pueblo, con el fin de que los vecinos pudiesen pasear en barca los domingos por la mañana. O sea, como en el estanque del Retiro, pero con más aire a Venecia.
Tiene uno leído que con motivo de una visita de Amadeo de Saboya, el Ayuntamiento hizo inundar la Plaza Nueva para representar en ella un espectáculo de naumaquia, al estilo de las batallas navales que los romanos organizaban en el Coliseo.
Los vecinos de Santutxu no esperaban a nadie el lunes por la noche. Ni siquiera al concejal de Obras y Servicios que se acercó al lugar de autos al tener noticia de la avería, así como el jefe del Servicio de Aguas, que prometió reparar el desaguisado en pocas horas. Ayer, por la mañana, si bien es verdad que los diez mil vecinos afectados disponían ya de agua corriente, muchos carecían de calefacción y agua caliente, porque la inundación de los sótanos había dañado el sistema de calderas.
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