La variante de Alonsotegi sigue ganando terreno al monte. Las obras, que comenzaron en agosto de 2004, están bastante avanzadas, pero aún deben afrontar su tajo más crítico. El tramo entre el túnel de Somo y el viaducto de Kortatxu, de unos 600 metros de longitud, es tan complejo que la revisión de los elementos de sujeción y seguridad puede provocar un retraso de varios meses.
«Estamos haciendo una reflexión», explica el diputado de Obras Públicas y Transportes, Eusebio Melero. La variante, que él siempre ha definido como una obra «alpina», lo es ahora más que nunca. No sólo por el desnivel del terreno, sino porque las obras deben ejecutarse «literalmente encima» de la carretera BI-636, que recorre la comarca de Las Encartaciones.
La orografía de la zona ha condicionado el proyecto desde el principio. Se hicieron varios estudios y se han localizado distintos tipos de roca, más o menos fragmentada. Para avanzar en este terreno es necesario realizar el 90% de las excavaciones con voladuras. En total, se requieren 350 para construir una autovía de 4,5 kilómetros de trazado.
La mayoría ya se han llevado a cabo, algunas con estruendo. El pasado verano se registraron varios incidentes que pusieron en guardia a los vecinos y obligaron a reforzar la seguridad. Primero fue la caída de una gran roca al jardín de una casa. Después, una lluvia de pequeñas piedras en viviendas y comercios y una roca que se precipitó a la carretera volvieron a encender la alerta, aunque no se produjeron daños graves. Las obras ya se han alejado del casco urbano y quedan unas noventa voladuras hasta llegar al enlace de Arbuio, donde termina el recorrido de la variante.
El reto al que se enfrentan ahora los técnicos es distinto. A la salida del túnel de Somo, de 168 metros, empieza un tramo especialmente escarpado que 'cuelga' sobre la carretera. Los expertos están estudiando cuáles son los elementos de sujeción más adecuados. En un principio se había previsto un muro de 30 metros de altura, pero se plantean sustituirlo por un viaducto de menor impacto. También quieren reducir al mínimo el número de voladuras en la zona.
Estas dificultades pueden provocar un retraso de entre tres y cinco meses en las obras, que según el calendario inicial terminarán en el primer trimestre de 2007. «Se puede recuperar tiempo en otras fases», dice el diputado. «Aun así, lo que más nos importa es la seguridad». La lluvia también ha alterado el plan de trabajo de la variante, que Melero no duda en definir como «la obra más difícil, con diferencia, que ha hecho la Diputación. Más que la 'Supersur', porque pasa por zonas habitadas y la carretera no tiene rutas alternativas».