Umberto Eco dijo hace poco que los intelectuales también tienen que callar de algunas cosas. Sobre todo, de las que no saben mucho. Tiene razón. Hay cosas de las que se habla demasiado. Demasiado. Y otras de las que, sin embargo, se habla demasiado poco. Como, por ejemplo, del amor. Casi no hablamos de amor. Cuando el amor lo es todo, ¿no es cierto? Ah, el amor; lo vemos representado a todas horas: en el cine, en la literatura, en la música. Incluso en la publicidad. El amor es el alma de la ficción y como tal sigue siendo eficaz. Funciona y es rentable. Pero, ¿es posible todavía creer en el amor, cuando las parejas más encantadoras negocian abiertamente las condiciones económicas de su futuro divorcio antes de contraer matrimonio? Al parecer, atravesamos una época materialista, puritana y llena de miedos. El amor se ha complicado y constantemente, tanto en las películas como en los informativos, asistimos a la patología del amor: nos muestran fracturas, secuelas, residuos de amor desdichado. Cuando no el absurdo del amor o su ridículo y angustioso extravío. Hay muchas personas que nunca reciben muestras de cariño. O que tienen dificultad para manifestar afecto hacia alguien. Vivimos en una sociedad individualista, no es ningún secreto. Con la idea de paliar ese déficit, acaba de llegar a Europa, procedente de EE UU, una sorprendente modalidad de reunión social entre desconocidos denominada 'Cuddle party' o 'Fiesta del abrazo' en la que los asistentes pagan el coste de la entrada (unos quince euros), con el único objeto de dar muestras de amor y a su vez recibirlas de los demás, durante las más de dos horas que dura la velada. Sin sexo, en eso son estrictos. Hay una serie de reglas que no deben incumplirse bajo ningún concepto y la más importante es ésa: nada de actitudes ni comportamientos abiertamente sexuales. Los asistentes pueden cogerse de la mano, abrazarse, acariciarse o besarse. Pero sólo en plan afectuoso. Todos deben, además, llevar un pijama holgado para que el cuerpo se sienta libre. Pero de ninguna manera está permitido despojarse de él. Ah, y tampoco está permitido el alcohol. Estas civilizadas 'Fiestas del abrazo' han tenido éxito en Alemania y en los Países Bajos, y seguramente se extenderán. Aunque no sé qué pensar al respecto. Tengo la impresión de que la emotividad humana se está complicando demasiado. Hay algo hipertrofiado en ella. Algo tumoroso y probablemente maligno que está empezando a convertirse en una fuente de síndromes y malestares cada vez más sofisticados y extraños. Proliferan las terapias y se perfeccionan los fármacos, pero cada vez somos más dependientes y más inseguros, no me digan que no.