Tras la compleja 'Dogville', con 'Manderlay' el cineasta Dogma por antonomasia Lars von Trier nos ofrece una elaborada fábula sobre la esclavitud. Una hacienda en Alabama, donde continúa habiendo esclavitud después de que hayan transcurrido 70 años desde su abolición, es el marco donde tiene lugar la historia, representada de forma escénica, sobre un espacio desnudo, en el cual se insertan los personajes y por el que deambulan el veterano Danny Glover, la recién llegada Bryce Dallas Howard (hija del director Ron Howard) y la exquisita Lauren Bacall, entre otros.
Rasposa, difícil de visionar y preñada de hondas reflexiones éticas y morales sobre la noción de ciudadanía, sobre la libertad, la justicia y el respeto a los demás, la película del ambicioso cineasta nórdico resulta extraña, exigente, rigurosa y honesta; en ella también se enjareta algún que otro varapalo a las actitudes 'progres' sin sentido, con lo cual 'Manderlay' se convierte en una de las propuestas cinematográficas más insólitas de la temporada.
Aquí, los diálogos muy elaborados son los que marcan la pauta de una acción constreñida en un decorado desolado, en el que quizás falte la sorpresa que proporcionaba la anterior película de Von Trier. Cine de raíz intelectual, pues, comprometido hasta los zancajos, que, obviamente, no es plato para todos los gustos, pero que debe verse. Un filme también a contracorriente, de una violencia soterrada, pautado por un ritmo solemne y asumido como expresión personal con todas sus consecuencias.