Tommy Lee Jones (San Saba, Texas, 1946) cobró más por 'Hombres de negro II' que por todas sus películas anteriores juntas: 20 millones de dólares, más un porcentaje de taquilla. Fue una suerte de finiquito por dejar atrás los papeles de reparto, en su mayoría villanos rocosos, como el perseguidor de 'El fugitivo', que en 1993 le brindó un Oscar y fama mundial.
Nunca ha recibido una clase de interpretación. Lo suyo ha sido amor al arte, porque trabajo no le hubiera faltado a este graduado en Literatura Inglesa 'cum laude' en la Universidad de Harvard, donde tuvo como compañero de habitación al ex vicepresidente Al Gore. Propietario de un rancho, jugador de polo, inversor en campos petrolíferos El auténtico Tommy Lee Jones poco tiene que ver con los taciturnos paletos sureños que le han tocado encarnar en la pantalla. Culpa de un rostro de granito que esconde a un afable demócrata casado tres veces, amigo del alma de 'rojos' como el cantante Willie Nelson y el director Oliver Stone.
No es de extrañar que su segunda película tras las cámaras -dirigió en 1995 el telefilme 'Viejos muchachos', editado entre nosotros en vídeo- sea una carta de amor a Texas, la cultura hispana y la convivencia racial. «No somos diferentes: el río Grande no separa estados de conciencia», constata en un perfecto castellano.