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POLÍTICA vasca
Los partidos vascos creen que ETA ha decidido dejar las armas pero apelan a la cautela
El Gobierno insiste en que sólo aceptará un cese «definitivo» del terrorismo expresado con «claridad»

Zapatero no tiene previsto convocar en estos momentos a los partidos a una ronda de contactos
PARTIDOS. De izquierda a derecha, Rafael Larreina, Rodolfo Ares, Iñigo Urkullu, Carlos Urquijo y Antton Karrera, en una comparecencia anterior. / BLANCA CASTILLO
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Los partidos vascos intentan embridar las expectativas sobre un inminente final de la violencia, desbocadas en los últimos días, aunque todos ellos parecen preparados para encarar el eventual proceso de pacificación persuadidos de que ETA ha tomado la decisión de abandonar la violencia. Ésa es la información que justifica, según medios consultados, el optimismo desplegado por el presidente del Gobierno sobre un eventual cese del terrorismo a corto plazo y lo que lleva a nacionalistas y socialistas a mantener su confianza en la «buena dirección» que llevan los acontecimientos. Una esperanza que va acompañada, no obstante, de apelaciones a la prudencia, ante la evidencia de que la dirección etarra no ha dado aún el paso decisivo que permita activar los mecanismos de negociación con el Estado y los riesgos que entraña alentar un escenario que sigue dependiendo de lo que haga la organización armada, refractaria a dejarse presionar por la opinión pública. La prueba la dio anoche mismo con la explosión de una bomba en Trapagaran.

Los distintos medios consultados vienen a coincidir, sin embargo, en que la posibilidad de dejar las armas está «bastante asentada» y «muy madura». La incógnita no se sitúa tanto en el momento en que elijan los terroristas para pronunciarse -la impresión generalizada es que, de hacerlo, no lo harán cuando todo el arco político lo esté esperando-, como en la forma en que articularán el cese de su actividad armada y el eventual colchón en el que puedan apoyar una decisión tan trascedental para su propio mundo. El entorno de José Luis Rodríguez Zapatero se empleó ayer en rebajar las cada vez más intensas especulaciones sobre una próxima desaparición de la violencia -avaladas por la propia intervención del presidente tras el Consejo de Ministros del viernes- e insistió en que el Ejecutivo sólo aceptará una renuncia «definitiva» del terrorismo, expresada«con total claridad» y que permita activar la resolución aprobada por todos los grupos del Congreso, salvo el PP, en favor de una salida dialogada. «El Gobierno no va a explicar ningún comunicado de ETA», zanjaron a este periódico portavoces de La Moncloa, que insistieron en que el camino será largo y difícil y no exento, en el peor de los casos, de un final «traumático».

El pronunciamiento que aguarda Zapatero de la cúpula etarra, que ya da por hecho que no habrá una declaración como la de Downing Street -el precedente irlandés- ni nuevos movimientos desde el Ejecutivo, incluiría, de acuerdo al guión previsto, el anuncio de que deja en manos de las fuerzas políticas la resolución del 'conflicto', en la línea planteada por la declaración de Anoeta de Batasuna. También exigiría el compromiso del Gobierno de no interferir en el debate de la mesa de partidos y la garantía de que aceptará la decisión que adopte sobre el futuro de Euskadi. Arnaldo Otegi aseguró el miércoles que la clave sigue estando en el «derecho de los vascos a decidir su futuro». «Quien diga que el proceso es otra cosa, no dice la verdad», afirmó.

Una renuncia en esos términos cuadraría con lo que los representantes de la izquierda abertzale han venido trasladando a sus interlocutores en Euskadi, una vez difundida su propuesta polítia en Anoeta el 14 de noviembre de 2004: que ETA tiene la voluntad de dejar definitivamente de matar, que su entorno sociológico asume la necesidad de «pasar página», pero que la decisión definitiva requeriría de una «pista de aterrizaje»; una reclamación que, según medios del tripartito consultados, está vinculada a la búsqueda de un acuerdo sobre el derecho a decidir. La exploración de esa fórmula se configura como uno de los ejes de la mesa de partidos extraparlamentaria que se promovería una vez que ETA pasara a la retaguardia y cediera el testigo a la ilegalizada Batasuna.

«Imparable»

Aunque se cierra en banda a hablar de plazos -los rumores sobre un eventual pronunciamiento de la dirección etarra vuelven a bascular entre este mes y abril, cuando se celebra el Día de la Patria Vasca-, el Gobierno de Zapatero insiste en que el proceso es «imparable». Y se apoyan en parte de los argumentos que ya esgrimió el presidente en su comparecencia del viernes: «el clamor» de la sociedad vasca en favor de la paz, la soledad de ETA como única organización terrorista que perdura en Europa y el desgaste de su propia estructura interna, «muy castigada» por la persecución policial. Ese horizonte de esperanza no disipa del todo el escepticismo que albergan círculos socialistas conocedores de operaciones fallidas del pasado.

No obstante, estos medios creen que a diferencia de lo ocurrido con la tregua decretada en 1998 al calor del Pacto de Lizarra, la «reflexión política» ha podido imponerse con carácter «estratégico» en el seno de la banda, lo que permitiría el regreso a la legalidad de Batasuna y la posibilidad de rentabilizar la paz en las elecciones municipales de 2007. En sus contactos privados con los partidos, los dirigentes abertzales han trasladado la impresión de que el proceso, transcurra como transcurra, estaba blindado hasta esa cita electoral; es decir, que ETA parecía dispuesta a prolongar el período sin asesinatos, aunque eso no desembocara en una declaración de cese de la violencia.

Lealtad

Zapatero no tiene previsto convocar a los principales dirigentes políticos a ninguna ronda de conversaciones en estos momentos, según señaló ayer La Moncloa. El presidente conserva abiertos los cauces de comunicación con el lehendakari y mantiene, al igual que Alfredo Pérez Rubalcaba, una fluida relación con Josu Jon Imaz, que cuenta así con información de primera mano. El jefe del Ejecutivo y el PNV han labrado una especie de lealtad mutua, por la que el primero no esquinará en sus intenciones a los jeltzales mientras que éstos le garantizan a él su apoyo incondicional ante las negociaciones que pueda emprender con ETA si termina por abandonar las armas.

En plena efervescencia de los rumores sobre una tregua, tanto los peneuvistas como los socialistas y también Ezker Batua relativizaron ayer la trascendencia del documento en favor de la paz que preparan varias parlamentarias vascas, que llevan dos meses largos trabajando en el mismo. De forma paralela, ELA, Comisiones y UGT se han reunido en varias ocasiones con LAB que, según Europa Press, les ha planteado un texto que prioriza la pacificación y defiende el derecho a decidir.



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