El diputado general, José Luis Bilbao, pasó ayer de puntillas sobre la polémica suscitada por el retraso en la instalación de un semáforo en la avenida Montevideo; una petición reiterada durante siete años y que acabó siendo atendida días después del atropello que acabó con la vida de dos niños. El máximo responsable foral compareció en las Juntas Generales a petición del PP para dar explicaciones sobre este asunto, aunque apenas aportó información. Sólo al final negó, de forma implícita, que la Diputación presionara a Bilbao Ría 2000 para que asumiera parte de la responsabilidad del retraso.
«Quizá esta comparecencia pueda defraudar a más de uno», advirtió al tomar la palabra en una sala abarrotada de periodistas. Su presencia en la Cámara había suscitado gran expectación, sólo comparable a la generada por el diputado foral de Obras Públicas y Transportes el 24 de enero. Eusebio Melero, que antes fue presidente del consejo de distrito de Basurto, repasó el recorrido de las demandas vecinales para mejorar la seguridad vial en Montevideo, que se remontan a 1998. Dos años después, la propuesta fue aprobada por el consejo de distrito.
El diputado reconoció que la petición se le «escapó» y asumió parte de la responsabilidad por la demora en la colocación del semáforo. Pero también la extendió al Ayuntamiento y a Bilbao Ría 2000, a quien hasta entonces nadie había relacionado con la polémica. Según dijo, la sociedad pública presentó en 2002 un proyecto de conexión de la calle Gurtubay con la avenida Montevideo, dentro de la reordenación de la zona por la llegada del tranvía. La Diputación le pidió entonces que regulara la intersección con semáforos, entre los que se incluyó el del cruce del atropello. Sin embargo, en enero de 2004 la entidad notificó que se había decidido eliminar esta señal luminosa.
Las palabras del diputado, apoyadas en las cartas y planos que manejaron las instituciones, provocaron una reacción inmediata. Portavoces de Bilbao Ría 2000 expresaron su perplejidad por verse implicados en una polémica tan ajena a sus competencias como la seguridad vial. Horas después, rectificaron y asumieron las acusaciones de Melero.
«Yo creo que era cierta la primera valoración y la segunda, no. Se produjo una presión», afirmó ayer el apoderado del PP Jesús Isasi. «¿Quién emitió un documento que hizo que Ría 2000 cambiara de opinión?». El diputado general no dio una respuesta clara al «portavoz ocasional» del PP y suscribió punto por punto la intervención de Melero. «No voy a repetir, ni a matizar, ni a ampliar ni a corregir lo que dijo».
«Un gesto humano»
En cuanto a las presiones a Ría 2000, Bilbao jugó a la ambigüedad. «¿Cartas? No sé a qué se refiere. Conversaciones al cabo del día tengo muchas y no voy a dar cuenta públicamente de ellas». A lo que sí contestó con rotundidad fue a la petición de Isasi, que le instó a «forzar el cese» de Eusebio Melero. «Cuenta con todo el apoyo del Gobierno», aseguró.
Los portavoces de EA y PNV también defendieron la gestión del diputado de Obras Públicas y Transportes frente al «linchamiento» a que, a su juicio, le somete la oposición. Íñigo Iturrate fue más allá y pidió a los partidos «un poco de respeto. Dejen de mover la sangre, por favor», espetó. Además, el portavoz del PNV afirmó que ya en 1995, cuando el PSE gestionaba el área de Circulación, la Policía Municipal de Bilbao elaboró un informe sobre la peligrosidad de Montevideo «del que nunca más se supo».
Los socialistas preguntaron a José Luis Bilbao «cómo es posible que, después de tantos años de peticiones, se produzca el fatal accidente y se coloque el semáforo en tiempo récord». Joaquín Colmenero le pidió además «un gesto humano» y recordó que el alcalde «pidió perdón públicamente por el error cometido».
En su respuesta a los grupos, el diputado general dio por zanjada la polémica. «Estamos repitiendo el debate, aunque podemos venir todos los meses a hablar de lo mismo», ironizó. Fue al final de su intervención cuando negó las presiones a Ría 2000. Reconoció que Melero envió una carta a la sociedad para pedir documentación, pero añadió que «ese día no hubo ningún posicionamiento de la Diputación posterior a la comparecencia. No sé a qué leyenda urbana se refieren y tampoco me preocupa», concluyó. Antes de marcharse, ofreció el «gesto humano» que Colmenero le había pedido. «Enterrar a un hijo es algo muy fuerte. Cuando alguien sufre, lo primero que hay que hacer es respetar su dolor y no utilizarlo como arma arrojadiza».