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Viernes, 17 de febrero de 2006
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SOCIEDAD
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«Los cooperantes en Haití viven en una situación intolerable»
Amenazada por las bandas armadas y la delincuencia organizada, Fany Chabal, de Veterinarios Sin Fronteras, ha abandonado Puerto Príncipe
NECESIDAD. La pobreza es tan extrema en el país que los niños deben robar para comer. / SHAUL SCHWARZ
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Nunca hay que olvidar el aparato de radio en Puerto Príncipe. «Es indispensable estar bien informado para evitar los sitios calientes», advierte Fany Chabal, responsable de proyectos de Veterinarios Sin Fronteras en Haití. El centro de la capital cuenta con tres accesos principales, todos objetivo de bloqueos diarios por las bandas armadas que pululan por la ciudad y atrapan a los conductores menos avezados. «Es difícil concentrarse en el trabajo porque nunca sabes cómo volverás a casa», dice.

Ella viaja periódicamente al país antillano, uno de los más pobres del mundo, para supervisar los planes de la entidad española. Esta vez ha regresado a Santo Domingo con cierta anticipación. «Apenas podía hacer nada allí. No te puedes mover, la inseguridad es absoluta». Además de las barricadas, la principal amenaza proviene del secuestro. Este tipo de delitos surgió el pasado verano y estaba dirigido contra la burguesía local, pero, según explica, cualquiera puede ser ahora una potencial víctima: desde los cooperantes y observadores extranjeros hasta un simple vendedor callejero con mala suerte.

La situación en el campo es más tranquila, pero los disturbios electorales provocados por las sospechas de fraude también han afectado al interior del país. Chabal señala que entre los candidatos aparecían incluso antiguos ministros del sanguinario dictador Jean Claude Duvalier. «No hubo justicia entonces y ahora el panorama no se presenta mejor», señala. El ganador de los recientes comicios tampoco le merece demasiado crédito. «Es un títere de Jean Bertrand Aristide», señala por lo que, en su opinión, el horizonte se presenta desalentador. Tras la caída del dictador Jean Claude Duvalier, los exiliados políticos volvieron al país y crearon organizaciones sociales para impulsar el desarrollo. «Existió esperanza cuando Jean Bertrand Aristide subió al poder y también cuando lo perdió». Durante su mandato, el ex sacerdote, seguidor de la Teología de la Liberación, asombró por la extraordinaria capacidad para la malversación de fondos, la creación de los 'chimeres', grupos paramilitares, y el tráfico de drogas a gran escala.

La ONG presta apoyo técnico y organizativo a pequeños productores de leche e impulsa una red de factorías que la pasteurizan y la convierten en yogurt. Pero los problemas de orden público dificultan la distribución y han reducido la producción. Además, la competencia de los productos importados impide el acceso al propio mercado.

Cunde el desánimo

El desánimo ante la inestabilidad ha cundido entre aquellos sectores cualificados, formados en la diáspora. Tan sólo a lo largo del último año han perdido un tercio del personal nativo. «La gente está cansada, física y anímicamente, ya no aguanta más y se va», explica. «Se está produciendo una fuga de cerebros muy negativa para el futuro de este país», concluye.

Son los últimos en permanecer sobre el terreno y los expatriados se han acostumbrado ya a un clima de permanente inseguridad. «Me sorprende y da miedo lo que está ocurriendo», confiesa y reprueba su actitud. «Da la impresión de que entienden como algo normal lo que es un clima de creciente peligro, que admiten como cotidiano algo intolerable». También lamenta la resignación popular ante el desastre, la inexistencia de huelgas o marchas para denunciar la delincuencia o la violencia, situaciones que no atajan las fuerzas de Naciones Unidas destacadas en la zona, entre las que se encuentran 200 militares españoles. Las causas de este desastre son políticas y económicas, dice. «La sociedad haitiana padece un desequilibrio brutal», explica. «El 5% de la población detenta el 95% de los recursos».

Más información

Veterinarios Sin Fronteras

www.veterinariossinfronteras.org



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