Un curso de iniciación a la observación de aves organizado por el Patronato de Urdaibai ha permitido a una quincena de personas recibir su bautismo ornitológico en las marismas de la reserva. El grupo realizó la semana pasada su primera incursión para contemplar pájaros, una afición casi desconocida en Euskadi, pero que está tremendamente arraigada en otros países europeos, como Gran Bretaña o Francia. Las clases, de carácter gratuito, comenzaron el pasado día 4 y continuarán hasta el próximo fin de semana con nuevos trabajos de campo.
Leire es una de las participantes en el cursillo. Las aves son una de sus grandes pasiones. Aunque tenía que desplazarse desde Algorta, la joven fue una de las primeras en acudir a la cita. «Nos han explicado que este tipo de avistamientos hay que realizarlos a primera hora, cuando los pájaros van a desayunar y se dejan ver», asegura.
Ataviados con ropa de monte, prismáticos, un libro especializado y telescopios, los aficionados siguen atentos las indicaciones de Jon Maguregi, guía de naturaleza y miembro de Aixerreku. «Es increíble. Hasta que no te paras a escuchar sus cantos y a contemplarlos, parece que no existen, pero hay cientos de ellos en apenas unos metros cuadrados», reconocen. Recorren el relleno de San Cristóbal en Busturia y realizan paradas en los árboles autóctonos, como el carrizo, donde habitan los ejemplares más emblemáticos de Urdaibai. «Ese sonido es la voz de alarma de un carbonero y, de fondo, se escucha a un correlimo y a gorriones comunes», detalla Maguregi.
En tres horas, los asistentes pueden avistar zarapitos, gaviotas, garcetas y ánades rabudos. «Es más interesante observarlos con un experto que te describe las características del ejemplar, porque solo, por tu cuenta, es más complicado adivinar de qué animal se trata», explica Leire. «Todo el mundo debería invertir el fin de semana en esta práctica porque además de conocer una fauna interesantísima, es muy relajante. Engancha», añade la joven de Algorta.
Miren Josu es una bióloga que cada vez que surge una iniciativa de estas características se apunta rápidamente. «Desde que estudié la carrera tengo cierta sensibilidad con la naturaleza y siempre que puedo, voy al monte y disfruto de las especies que me encuentro. Además, cuando ves algún pájaro raro siempre te emocionas porque son muy difíciles de avistar. Espero repetir y participar en otro cursillo porque aquí se aprende mucho», indica la gernikarra.
Ayer los participantes volvieron a disfrutar de otro día de avistamientos. No obstante, no todo son jornadas en el campo. El 4 de febrero tuvo lugar una sesión teórica. En la clase magistral, los participantes adquirieron conocimientos sobre los ecosistemas, su formación y la forma en que las aves lo aprovechan para protegerse o alimentarse. «El tipo de especies que los frecuentan, su morfología y la alimentación fueron otros de los conceptos tratados», señalaron los promotores de la iniciativa.
Los responsables también informaron sobre el material necesario para el avistamiento, como los prismáticos o telescopios, y las guías existentes sobre las especies. También explicaron por qué se debe madrugar: «En general se aprovechan las primeras horas de la mañana para este tipo de actividades. En lo que a la meteorología se refiere, cuanto peor tiempo hace, más especies es posible ver. La razón es que buscan refugio aquí, en las marismas», señalaron los monitores.
El grupo esta compuesto por personas de diferentes edades, aunque con mayoría de jóvenes. Biólogos, profesores, veterinarios o simplemente aficionados de diferentes municipios vizcaínos que quieren profundizar sobre Urdaibai y sus moradores. Un escenario que, a pesar de estar cerca, para muchos resulta lejano y desconocido.