La politización que ha envuelto toda la operación financiera lanzada desde La Caixa, a través de Gas Natural, para hacerse con la mayoría del mercado energético nacional va a terminar pasando factura a todo el sector. La anuencia del Gobierno socialista para apalancar a la baja el valor de Endesa y hacerla así vulnerable a un ataque de justificación no estrictamente bursátil ha hecho que haya entrado en escena -con el beneplácito expreso de la 'opada' Endesa- la eléctrica alemana E.on. La aparición de este 'tiburón', o 'caballero blanco', según se mire, trastoca en cualquier caso los planes de todos los actores. Gas Natural se ve desbordada por una oferta que mejora sus condiciones al pagar mucho mejor y en metálico; el Gobierno se enfrenta a la posibilidad de ser el responsable de haber empujado la titularidad de la principal empresa energética española hacia manos alemanas; y la segunda eléctrica del país, Iberdrola, se ve privada de unos activos que ya computaba como suyos y con un enemigo enfrente -Endesa- que no olvidará cómo se repartió su piel olvidando antiguos favores en operaciones similares. De hecho, la operación se ha movido tan fuera de los parámetros estrictamente financieros que sería muy raro que Endesa tuviese mayores problemas en recomponer la incómoda situación de tolerar ahora la tutela alemana, frente al rechazo frontal a la catalana, bajo el epígrafe de 'legítima defensa'.
Financieramente, es posible que la eléctrica alemana tenga que endeudarse para poder digerir la operación, pero esa eventualidad brinda a la ejecutiva de la compañía la respuesta perfecta frente a los que la acusaban de falta de nervio en su gestión. Por su parte, Gas Natural, que ya dejó caer que la operación no se culminaría «a cualquier precio» cuando la cúpula de Endesa mostró que no se rendía, tendrá que decidir entre superar la oferta germana -arriesgándose a un precio inasequible- o retirarse a restañar las heridas de su nueva derrota mercantil. Y respecto de la componente política, el Gobierno debe decidir si mantiene el discurso oficial de la unidad de mercado y el espacio global europeo, de la libre circulación y el derecho de la competencia -y asume algo que atenta contra la praxis de todos los ejecutivos europeos, muy proclives a defender tesis liberales que luego nunca aplican-, o 'anima' a La Caixa para que mejore a toda costa su oferta. Esta opción, sin embargo, obligaría a rehacer muchos números y obtener muchas promesas de tarifas favorables para que la propuesta cuadrase; tantos que incluso a corto plazo serían incompatibles con los intereses de los usuarios, que son los que terminan votando. En definitiva, arriesgarse a haber asumido un enorme desgaste para que al final la beneficiada sea una gigante eléctrica alemana, que pasaría a controlar la titularidad de una de nuestras principales empresas en un sector tan sensible como el energético.