Elías Mas se inició en Barcelona en terrenos que parecían muy alejados de lo que luego desempeñó en Bilbao. Hizo teatro japonés con decorados de Tàpies y trabajó en una fábrica, antes de hacerse arquitecto: «De chaval yo era tornero fresador. Las mutualidades laborales me dieron una beca para estudiar arquitectura. Mis padres no podían pagarme una carrera. Al llegar a una residencia de Madrid con 18 años, uno del viejo régimen nos soltó a los alumnos una parrafada. Dijo que queríamos forrarnos siendo arquitectos y olvidarnos del pueblo, de la utilidad pública de la arquitectura. Sería un facha, pero lo que dijo tenía un contenido social serio».
«Ya estando en Bilbao, esa frase me ha venido a la cabeza cuando pensaba en dejar el Ayuntamiento y prosperar en un estudio propio. Pero me quedé. Sentía que tenía que devolver algo al público y no tanto a la gente acomodada. Ha sido duro, posiblemente los quebraderos de cabeza me han llevado adonde estoy ahora, pero quise estar a pie de obra. En general me he sentido querido, respetado, bien considerado y suficientemente pagado. Así he vivido el Ayuntamiento».
Entre sus escritores preferidos, Elías Mas cita a Salvador Espriú, Rubén Darío, Antonio Machado, Cela, García Márquez...