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Jueves, 23 de febrero de 2006
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VIZCAYA
JOSÉ MARÍA MANZANARES, TORERO
«Sigo en activo para predicar con el ejemplo»
El diestro vincula su momento actual con el de su hijo: «Ahora que le veo más centrado, maduro, humilde, no tiene sentido que yo siga»
En Bilbao. Manzanares, el lunes, en el Cocherito. / bernardo corral
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Hay cosas que no cambian, y José María Manzanares siempre fue esquivo con la prensa. Hombre de pocas palabras, dueño de sus silencios, el diestro alicantino accede a ser entrevistado tras un quite magistral de Agustín Martínez Bueno. Reservado, cauto y precavido en sus respuestas, el maestro se rompe al hablar de su hijo José María: «Me siento el padre más orgulloso y feliz del mundo».

-Dijo Espartaco que «cuando un torero cumple todos sus sueños, ¿puerta!». ¿Qué metas le quedan?

-Torear de vez en cuando un toro que me deje medianamente satisfecho ya es una suerte. Por encima de todo me siento torero, otro asunto son las metas. Creo que ya lo he demostrado todo, ahora toreo para disfrutar.

-¿Salir el 1 de abril por la Puerta del Príncipe sería el colofón ideal?

-Yo creo que sí. ¿Lo he soñado tantas veces, he estado tan cerca tantas tardes...! Creo que nos lo merecemos la afición de Sevilla y yo.

-¿El toreo tiene edad?

-Para unos sí, para otros no.

-Pronto cumplirá 53 años. ¿Ha padecido la crisis de los 50?

-Lógicamente voy teniendo menos fuerzas, pero ahora acompaso mejor a los toros. Pienso que toreo mejor que cuando era joven. La juventud se cura con los años.

-Nunca le importaron las estadísticas, pero en 1977 y 1984 lideró el escalafón de matadores. ¿Azar o inconformismo juvenil?

-¿Tocaba eso! Tenía la edad justa, estaba en buen momento, la suerte me sonreía y... salió, pero sin ninguna premeditación.

-Tras una primera etapa triunfal, se anunció con una corrida de Miura en Valencia. ¿Por qué?

-Estaba en buen momento pero no toreaba en todas las grandes ferias. Andaba más por pueblos y tuve que dar un toque de atención. Fue el momento de un gesto de toreros.

-Ha sobrevivido a cuatro décadas de toreo. ¿Quiénes le han inquietado a lo largo de su carrera?

-En los primeros años de alternativa, Ordóñez, Camino, Puerta, 'El Cordobés', 'El Viti'... ¿Eran de una raza especial! Más tarde, 'Capea', Robles, 'Paquirri', Dámaso, Palomo... Todos han sido grandes, arreaban una barbaridad, no se dejaban ganar la pelea ni una tarde

-¿Es cierto que torear con el 'Niño de la Capea' le motivaba especialmente?

-Y a él, ja, ja... ¿A los dos! Había una competencia sana porque hemos sido, y somos, muy buenos amigos. Fue una época de muchas tardes de gloria, de años de convivencia, de largas temporadas en América.

-A usted nunca le ha gustado descansar en invierno. ¿Qué le aporta participar en las ferias americanas?

-Mucho, en lo personal y en lo profesional. América me encanta, hay grandes aficionados y ferias de solera. Allí gusta que torees muy despacio. Son muy apasionados para lo bueno y para lo mano, públicos viscerales, y esa circunstancia nos motiva mucho a los toreros.

-Su relación con el público madrileño siempre fue intempestiva. ¿Falló la química?

-No. Quizás todo hubiera sido distinto si no me hubieran apoderado los empresarios de Las Ventas.

Esencia y envoltorio

-Usted es torero de toreros. ¿Se ha desvirtuado la palabra maestro?

-No soy el más indicado para contestar, pero sí es cierto que se llama maestro a toreros muy jóvenes, con pocos años de alternativa, con escaso bagaje. La categoría de maestro no se consigue en cinco minutos, es fruto de años de esfuerzo y del reconocimiento del público.

-Siendo torero de largo repertorio, su tauromaquia ha quedado reducida a las suertes fundamentales

-Al final te quedas con el contenido, con las suertes puras, las esenciales. Y el envoltorio se pierde por el camino. Son etapas de la vida.

-¿Es cierto que, de torear tan despacio, a veces se le durmió la mano?

-Ja, ja, ja... ¿Son exageraciones! Si se te duerme la mano, no puedes templar. Nunca puedes perder la sensibilidad: en los dedos, en la muñeca, en el brazo, en el hombro... Si pierdes la sensibilidad, no puedes acariciar las embestidas.

-Usted encarna la esencia mediterránea, la tauromaquia ordoñista. ¿Existe relevo?

-(largo silencio) ¿Claro! Es ley de vida, siempre hay relevo. En mi caso, creo que mi hijo José Mari puede ser el continuador. Y su obligación es superar a su padre. ¿Puede hacerlo!

-¿Recuerda la primera vez que toreó su hijo?

-Sí. A él le gustaba jugar en el campo y un día, creo que con once o doce años, cogió una muleta en casa de los Lozano y ¿menuda voltereta le pegó la becerra! Luego ya no Se perdía por el campo y le gustaban los animales, pero de torear poco. Más tarde empezó Veterinaria, y cómo le iría que al poco tiempo me dijo que quería ser torero.

-¿Se ve reflejado en el toreo de su hijo?

-Yo me siento padre, el más orgulloso y feliz del mundo. Cada cosa en su sitio. José Mari tiene su personalidad y, dentro de que ha mamado en las fuentes de su padre, cuando cuaja un toro, simplemente soy el padre más feliz.

-Siendo un hedonista, al llegar enero practica una vida espartana. ¿Cuesta renunciar a los placeres?

-No, no, nunca me ha costado. Quizás el tabaco es lo que me puede. Lo demás, nada. La buena mesa, los buenos caldos, la noche... seducen mucho, pero la buena vida del campo, preparar la temporada a conciencia y encerrarme en el toreo es lo mejor que me pasa cada año.

-¿Cómo se presenta 2006?

-Yo sigo en activo por predicar con el ejemplo. No tenía ninguna intención de torear, pero los hijos Les avisas, les adviertes de que están en el camino equivocado, y no te hacen ni caso, tienen que estrellarse para espabilar. Ahora que veo a José Mari más centrado, maduro, humilde, es verdad que me cuesta mucho más motivarme. Creo que ya no tiene sentido que siga. Torearé para disfrutar y apoyaré a mi hijo en lo que pueda.



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