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Viernes, 24 de febrero de 2006
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CULTURA
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Un látigo genial
Capote sedujo a ricos y famosos antes de inventar la novela de no ficción con 'A sangre fría'
REAL. Truman Capote.
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«Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo; y el látigo es únicamente para flagelarse», escribió Truman Capote en el prefacio de 'Música para camaleones'. Su último libro publicado en vida también contenía el desgarrador autorretrato del escritor y su imaginario gemelo, en el que afirmaba: «Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio».

Capote (Nueva Orleans, 1924. -Los Ángeles, 1984) siempre fue consciente de su enorme talento: a los 23 años ya era una estrella de las letras con su novela 'Otras voces, otros ámbitos'. Pero también se fabricó un personaje a quien sus detractores consideraban oportunista, taimado y esnob. Fue el niño mimado de la alta sociedad neoyorquina; como prueba de su celebridad permanece la fiesta que ofreció en el hotel Plaza de Nueva York en 1966, pocos meses después de la publicación de 'A sangre fría'. Allí estaban Andy Warhol, Frank Sinatra, Mia Farrow, Norman Mailer, Tennessee Williams, los Rockefeller, los Rothschild Fue la fiesta de la década.

Y no era para menos. Seis años antes, 'The New York Times' había publicado la noticia del asesinato de una acomodada familia de granjeros en Kansas. Capote se preguntó cómo había impactado el suceso a los habitantes de una localidad del Medio Oeste donde nunca pasaba nada, y se plantó en Holcomb acompañado de su amiga Nelle Harper Lee, que por entonces esperaba ver publicada su primera novela, 'Matar a un ruiseñor'.

Su intención era escribir un reportaje para la revista 'New Yorker', pero tras la detención de los dos asesinos, Dick Hickock y Perry Smith, el enfoque testimonial fue más allá de la mera crónica criminal. Capote desarrolló una morbosa fascinación por Hickcock a través de múltiples conversaciones con él en la cárcel. «Llevamos un mes hablando sin parar, nos lo hemos contado todo el uno al otro», le escribió a Harper Lee. Después de asistir a su ejecución, vomitó.

Glamour y dolor

Tardó seis años en escribir 'A sangre fría', un libro excepcional con el que inauguró un nuevo género, la novela de no ficción. «La mayor dificultad que tuve fue permanecer completamente al margen de la narración. Por lo común, el periodista tiene que emplearse a sí mismo como personaje, como observador y testigo presencial, con el fin de mantener la credibilidad. Pero creí que, para el tono aparentemente distanciado de aquel libro, el novelista debería estar ausente».

El influyente autor de 'Desayuno en Tiffany's' murió un mes antes de cumplir 60 años en la mansión angelina del presentador Johnny Carson. El próximo mes, la editoria Lumen publica en España 'Un placer fugaz', que reúne su correspondencia con intelectuales, multimillonarios y estrellas. Como recordaba en 'Música para camaleones', detrás de la sofisticación y el glamour siempre se agazapaba el dolor: «Aquí estoy en mi oscura demencia, absolutamente solo con mi baraja de naipes y, desde luego, con el látigo que Dios me dio».



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