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Viernes, 24 de febrero de 2006
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DEPORTES
EL DIARIO DE MARÍA JOSÉ RIENDA
La hora de la verdad
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Se acabó la cuenta atrás. Ya sólo queda ponerle la guinda al pastel, que ojalá sea de oro. Afronto la prueba con la certeza de que hemos hecho un buen trabajo, confiada en mis posibilidades, con la moral a tope y con dosis masivas de ilusión. A la hora de redactar estas líneas les puedo asegurar que estoy muy tranquila. Me gusta la pista, me gusta el estado de la nieve y me encuentro muy bien. Claro que pienso en colgarme una medalla y, si es posible, la que te otorga el título de campeona olímpica, pero hay que tener los pies en el suelo. Ese mismo objetivo lo tienen todas mis competidoras y las hay extraordinariamente buenas. Va a ser difícil, pero tengan por seguro que voy a poner el corazón en el empeño. Si lo consigo, me alegraré por mí, pero también por toda esa gente maravillosa que tanto me apoya y tantas ilusiones se ha estado haciendo.

Todo lo que me ha ocurrido en los últimos meses es algo hermoso, impensable. Si no hubiera sido por el trabajo, que te devuelve a la cruda realidad, hubiera creído estar en una nube. Hay demasiada euforia y lo comprendo. Pero quiero que piensen que para ganar una medalla hay que correr al límite, sin reservas y que el riesgo es enorme. Puedo ganar, sí, pero también quedar fuera de las medallas o de la carrera. Si ocurriera lo último, que ojalá no, espero que lo comprendan. Yo seguiré siendo la misma María José Rienda y volveré a competir para ganar.

Desde ayer estoy concentrada en la Villa Olímpica. Anoche no pude compartir cena con los Príncipes de Asturias, que han venido para apoyarme. ¿Menudo honor! Ángel, mi marido, sí estuvo con ellos. Espero que hoy, tras la prueba, don Felipe y doña Letizia tengan motivos para sentirse orgullosos de esta granadina.



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