La Comisión Europea ha decidido proponer gravámenes ligeramente inferiores al 20% a las importaciones de calzado de cuero procedentes de China y Vietnam, al tener la certeza de que la comercialización de este tipo de artículos en la Europa comunitaria está siendo realizada en condiciones de 'dumping'; esto es, con precios de venta inferiores a los costes reales de producción.
Las sobretasas arancelarías serían del 19,4% para el calzado chino, y del 16,5% para el vietnamita. Serían implantadas por tramos durante cinco meses y empezarían con la imposición de un 4%.
El comercio comprometido por estas medidas representa aproximadamente el 9% de las exportaciones de calzado chino y vietnamita a la UE, que están cifradas en 2,5 millones de pares de zapatos. No están afectados, sin embargo, ni las zapatillas deportivas ni el calzado para niños.
El comisario Peter Mandelson, responsable de Comercio y autor de la propuesta, daba ayer por probada la existencia de intervención estatal de los países de origen, venta por debajo de los precios de costo y daños a los fabricantes de calzado de la UE. La avalancha de género procedente del gigante asiático, sobre todo, se ha traducido en una caída de sus ventas del 20% desde 2001, similar al retroceso experimentado por los precios, y en la desaparición de unos 40.000 empleos durante ese periodo.
Impacto reducido
Los aranceles propuestos por Mandelson tendrían, sin embargo, un impacto limitado en el consumidor. De acuerdo con cálculos difundidos ayer, el género cubierto por estas medidas tiene un precio medio para el mayorista de 8,5 euros. Puesto en las estanterías de venta, se sitúa en 35 euros, aunque en algunos casos de calzado de marca puede subir hasta los 120 euros. Con tales cifras, un arancel del 20% implicaría una subida de 1,7 euros sobre el precio mayorista. La Comisión, por lo tanto, rechaza por falsas las afirmaciones que han circulado recientemente por la UE según las cuales un gravamen de esa cuantía implicaría un encarecimiento de esa misma proporción.
Al elaborar su propuesta, Bruselas ha buscado un equilibrio difícil entre los intereses chinos, los de las empresas europeas que han situado en aquel país una parte de sus producciones, los fabricantes que continúan operando en el territorio de la Unión y los propios consumidores.
Mandelson indicó que China y Vietnam no necesitan recurrir a ese tipo de prácticas injustas para ser altamente competitivos y reseñó que las medidas impuestas no suponen proteccionismo alguno, sino que sólo pretenden restablecer unas relaciones comerciales justas. Además, anunció que ya se ha puesto en contacto con los responsables de Comercio de los dos gobiernos afectados para informarles de las medidas adoptadas.