A simple vista, algunas de las últimas decisiones adoptadas por el Santander no parecen coincidir con la estrategia oficial anunciada por sus máximos responsables, que anunciaron hace ya algún tiempo su decidida vocación de concentrarse en el negocio bancario para abandonar la política de participaciones industriales.
Una estrategia que, de paso, ha aportado importantes plusvalías y tesorería a la entidad financiera que preside Emilio Botín y que el pasado año se cifraron en 2.229 millones de euros. La mayor parte de esa cifra procedía de la venta del 22% que poseía en la eléctrica Unión Fenosa y de la enajenación del 32% de Auna.
Más recientemente, sin embargo, el Santander sorprendió al anunciar que tomaba el 40% de las acciones de la empresa vasca Sidenor, en compañía del grupo brasileño Gerdau y de varios directivos de la firma. La firma brasileña aclaró, sin embargo, que el banco era un compañero más financiero que industrial en este viaje, hasta el punto de que incluso tiene pactado ya el precio de reventa de sus acciones y que su permanencia en el accionariado no superará los cinco años. Incluso, ha declinado la posibilidad de sentarse en el consejo de administración de Sidenor.
Todo parece indicar que, en el caso de la OPA sobre Endesa, la entidad financiera puede adoptar un papel similar.