El Correo Digital
Viernes, 24 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
GENTE
GENTE
El diario de Carlos
Queda visto para sentencia el pleito del príncipe de Gales contra un periódico que publicó fragmentos de comentarios escritos en China
HONG KONG, 1997. El príncipe, con el entonces presidente chino, Jiang Zemin, en la ceremonia que describe. / REUTERS
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Un juez del Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales dejó ayer visto para sentencia el primer pleito entablado por el Príncipe de Gales, heredero de la Corona británica, contra un periódico que publicó extractos de su diario privado.

Los abogados de Carlos quieren que el juez dicte una sentencia sumaria, que evite una vista pública con comparecencia de testigos, alegando que la publicación del diario por el 'Mail on Sunday' no tiene defensa posible y por lo tanto no justifica un juicio en toda regla. Expertos legales consideran, sin embargo, que el veredicto es incierto y señalan que, si el juez desestima ese argumento, el príncipe tendrá que decidir si comparece como testigo en un futuro proceso.

Durante los tres días del lance judicial, los abogados del periódico han afirmado que los diarios de Carlos contienen opiniones políticas y, por tanto, su publicación está justificada por el interés público. Para avalar ese argumento, contaron con la declaración jurada de Mark Bolland, ex asistente del príncipe para relaciones con la Prensa, que explicó en su testimonio que Carlos se ve a sí mismo como un disidente. También señalaba que la Casa del Príncipe ha filtrado a la prensa en el pasado alguna de las múltiples cartas -en tinta verde y repletas de subrayados y signos de exclamación- con las que 'bombardea' a los ministros para expresarles sus puntos de vista.

Y durante este juicio sumario ya se ha publicado el diario íntegro que escribió durante su viaje para asistir a la devolución de Hong Kong a China, en enero de 1997, y cuyo contenido hasta ahora sólo se conocía parcialmente.

Hay en el diario -que Carlos distribuyó entre sus amigos, como es su costumbre- cosas notables. Por ejemplo, algún retrato con pluma afilada. Describe al séquito del entonces presidente chino, Jiang Zemin, como un conjunto de figuras dignas de un museo de cera. También se desespera ante el frenesí de los políticos, que van y vienen a toda velocidad sin conocer, según el príncipe, la realidad profunda de los problemas sobre los que deciden. Hay comentarios elogiosos hacia Tony Blair, cuya conversación, dice, es placentera, y además parece escucharle.

Y rasgos de buen humor. Como la cómica descripción de su discurso en Hong Kong, en el momento en que se desata una lluvia torrencial y él tiene que leer unos papeles empapados bajo el ruido ensordecedor del chaparrón sobre los paraguas.



Vocento