La dejadez, la desmesura en el afán de lucro, la constante violación de las normas de explotación de edificios para uso público y la inhabitual acumulación de nieve en terrazas y tejados parecen estar detrás de la nueva tragedia que ha sacudido la capital rusa. La cúpula de cemento y acero del mercado moscovita de abastos Basmanni, llamado así por encontrarse en la céntrica calle Bauman, se desplomó en la madrugada de ayer causando 56 muertos.
De entre los escombros, se han podido rescatar con vida a 32 personas, la mayoría de las cuales han tenido que ser hospitalizadas. Muchas de las víctimas son azerbaiyanos que venden en Moscú frutas y hortalizas procedentes de su país.
El incidente se produjo pasadas las cinco de la mañana hora local (tres de la mañana en España). En ese momento se encontraban en el interior del edificio comercial un centenar de personas, casi todos vendedores preparando la mercancía. Los puestos permanecen abiertos las 24 horas del día, razón por la que también había algún cliente. La llegada masiva de compradores, no obstante, se esperaba a partir de las nueve de la mañana. Ayer fue jornada festiva en Rusia, se celebraba el día del Defensor de la Patria.
Testigos presenciales aseguraron que, antes de que el inmueble se viniera abajo, se oyó un estruendoso crujido. Algunos periódicos ya había advertido, hace una semana, que en la parte interior de la cúpula se podía observar con toda nitidez una grieta transversal. Un hombre se salvó de milagro. Se disponía a penetrar en el patio central del mercado justo cuando se hundió la estructura.
Salvamento
Las ambulancias, coches de bomberos y servicios de salvamento del Ministerio de Protección Civil ruso llegaron poco antes de la seis de la mañana. Muchas de las personas sepultadas bajo los escombros ya habían podido avisar de su situación gracias a los teléfonos móviles. El impactante contenido emotivo de esos desgarradores avisos de socorro hizo que los medios de comunicación rusos se abstuvieran de difundir su grabación.
Al lugar de los hechos acudieron de inmediato el alcalde de la capital, Yuri Luzhkov, y el ministro de Protección Civil, Serguéi Shoigu. El primero excluyó tajantemente que el derrumbamiento pudiera haber sido debido a un atentado terrorista. Shoigu, por su parte, afirmó que el tiempo apremiaba, ya que las personas aprisionadas bajo los cascotes no podrían aguantar durante muchas horas los siete grados bajo cero que ayer registró Moscú.
Causas
Resulta espeluznante sólo imaginar qué hubiera sucedido si el techo del mercado se hubiera hundido en el momento de máxima afluencia de público y si las temperaturas en la ciudad hubieran alcanzado los treinta grados bajo cero, como sucedió durante la reciente ola de frío polar.
El peso de la nieve, acumulada tras meses de abundantes precipitaciones, debió ser el factor desencadenante del colapso. La Fiscalía de Moscú apunta también a otras posibles causas: explotación inadecuada del inmueble y errores en el proyecto de edificación.