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Viernes, 24 de febrero de 2006
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SOCIEDAD
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«Expandimos los horizontes de los jóvenes a través de la música»
Un coro boliviano ofrece recitales en el País Vasco con piezas de las antiguas misiones Una ONG de Irún financia la escuela
RAÍCES. El espectáculo recoge el desconocido folclore de la Bolivia tropical. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ
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MUSICA BARROCA
La gira de la Orquesta de San Ignacio de Moxos: comprende actuaciones en Gernika (mañana, en la Iglesia de Nuestra Señora, 20.00 horas) Vitoria (día 9, Iglesia de San Pedro, 20.00), Getxo (Getxo Antzokia, 19.00) y Barakaldo (Barakaldo Antzokia, 20.00). Los interesados en conocer más sobre esta formación y la Escuela de San Ignacio de Moxos pueden llamar al teléfono 94 415 11 35 o escribir a tonopuerta@yahoo.es

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La selva amazónica conserva todavía el recuerdo de las misiones jesuíticas. Tres siglos después de su desmantelamiento, aún queda el testimonio de aquella utopía que empleaba el canto para evangelizar. Violines fabricados según la técnica que llevó la orden hasta el corazón de América y partituras centenarias, guardadas en poblados poco accesibles mantienen la tradición musical y han permitido recuperarla en la escasamente conocida Bolivia tropical.

A lo largo de los meses de febrero y marzo, el coro y orquesta de la Escuela de San Ignacio de Moxos, una localidad situada en plena tierra de reducciones, recorre el País Vasco dando a conocer aquella herencia. La ONG Alboan sostiene esta gira que también sirve para difundir el primer disco de dicha agrupación, y que recoge misas, himnos y salmos, entre otras piezas propias e inéditas.

Cultura y función social

Raquel Maldonado es la responsable de armonizar sus treinta voces. Como sus predecesores, se trata de jóvenes indígenas de escasos recursos que han empleado muchas horas de estudio y ensayo para formarse y que también han debido sacrificar sus vacaciones para viajar a Europa. «Este reto es muy importante para nosotros porque buscamos, en la medida de lo posible, la autofinanciación», asegura.

Además de divulgar la música barroca misional, señala la importante función social de estos recitales. «No pretendemos formar grandes músicos, sino darles la oportunidad de expandir su horizontes» señala. «Que, a través de los recitales, adquieran una visión del mundo más ambiciosa que aquella que les ofrece su pueblo, pequeño, muy aislado y basado en la economía de mera subsistencia».

Hace nueve años que Miguel de la Cuadra Salcedo, al mando de la expedición Ruta Quetzal, entregó un puñado de violines y flautas a la religiosa navarra María Jesús Etxarri. De ella partió la iniciativa de crear una orquesta de cámara y gracias al apoyo de la ONG irundarra Taupadak y la financiación de varios ayuntamientos vascos, se ha levantado una academia con clases, auditorio y viviendas para los profesores. «Hemos hecho una escuela que se identifica con la realidad de lugar. Recoge tanto el acervo nativo como aquel que aprendieron de los sacerdotes y se ha conservado», señala su responsable pedagógica.

Pero las necesidades son evidentes. Sus aulas carecen de profesores titulares y la viabilidad del proyecto depende exclusivamente de la ayuda internacional. «Hay otras urgencias, la música es la quinta rueda para el gobierno».

Los mejores alumnos compaginan su aprendizaje con la enseñanza en los cursos inferiores. Profesores de solfeo y otros profesionales, generalmente vascos, se acercan hasta esa región remota, a menudo sólo accesible por vía fluvial, para difundir desinteresadamente su conocimiento.

Las canciones que integran el repertorio proceden de su propio archivo y los instrumentos que las acompañan han sido elaborados por artesanos nativos con maderas de sus bosques. Importan los arcos de violines y violonchelos y tampoco disponen de oboes y fagots, útiles caros. «Si hay orquestas que han retirado algunos ya viejos, que tengan en cuenta que nosotros no despreciamos nada».

Maldonado aspira a que la música renacentista y barroca sea conocida, pero también a que el público se acerque a una realidad social ignorada. «Hablamos de un tesoro descubierto hace tan sólo hace diez años y que pertenece a un área asimismo olvidada». La directora reivindica otra Bolivia. «Que no tiene nada que ver con el altiplano, la cultura y las tradiciones andinas».



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