A Elías Mas Serra le quedaban todavía cinco años para cumplir la edad de la jubilación, pero un infarto cerebral sufrido en mayo de 2004 ha adelantado su pase a la reserva y a pesar de su recuperación, la baja laboral que comenzó entonces se ha convertido en definitiva. Con él desaparece en Bilbao la figura del arquitecto municipal que él había empezado a desempeñar en 1973. Desde entonces, Mas fue el responsable del urbanismo municipal, salvo durante los siete años en que se acogió una excedencia para acometer por lo particular, la obra de la nueva sede de la BBK en la Gran Vía y las nuevas tribunas de San Mamés.
Antes de ganar la beca que le permitiría estudiar Arquitectura, Elías Mas, un joven barcelonés de familia humilde e inquietudes culturales, sabía lo que era trabajar con sus propias manos como tornero fresador en una fábrica. Siempre creyó en un urbanismo más apegado a la geografía que a las grandes obras públicas. Por eso sostenía que el Sena era más importante para París que la torre Eiffel o que prefería a Bilbao sin el Guggenheim que sin la ría.
Continuador en su cargo de figuras como Ricardo Bastida, Germán Aguirre, él se ha convertido en el último eslabón de una dinastía que inauguró Antonio de Goikoetxea a comienzos del siglo XIX. Durante sus 24 años de gestión municipal, ha puesto su impronta en las reformas de la Alhóndiga y de los teatros Arriaga y Campos, Mercado del Ensanche, Centro Municipal de Begoña y paseo de Uribitarte. También son obras suyas los planes generales del Casco Viejo y de Santurtzi y la plaza Bizkaia. Ha publicado nueve libros y numerosos artículos en prensa. Ha tratado con siete alcaldes y una alcaldesa, lo que bien puede haberle llevado al descreimiento de ver pasar las elecciones municipales y a los eventuales que las ganan. A partir de ahora su cargo ha pasado a ser levemente anacrónico y será desempeñado por equipos multidisciplinares. Es muy probable que la gestión del urbanismo en un Bilbao en permanente estado de obras sea así más operativa, pero la marcha de Elías deja un hueco en la memoria local.