Nunca hemos narrado un bolo como el del miércoles en la... sala Pulimentos. Igual de enrollados, en plan que la peña ya se halla dentro y el organizador se acerca uno a uno para cobrar la entrada, sí, pero poco más. Para empezar, la movida se montaba en Las Cortes, frente a la residencia de estudiantes. Y, para acabar, el bolo se acogía en un quinto piso y se prohibía el uso del montacargas a los humanos. Escalábamos las escaleras dos chicos viriles, atractivos y muy buen partido, todo hay que decirlo, y la neska que nos vuelve locos nos volvió a amenazar: «Si hay un piso más, me vuelvo a casa». Buf... íbamos por el cuarto.
Las cervezas llegaron tarde, más tarde que la cena de los congelados artistas, que consistía en patatas fritas de bolsa y chorizo de cocinar. Bueno, con la preceptiva media hora de retraso comenzó la velada con la actuación del francés H-Burns, que actuó ante una ventana que mostraba el 'skyline' bilbaíno, o sea las letras del BBVA y poco más (toma publicidad subliminal). Y ante ese telón de fondo, el galo cantó épico y hondo, como si fuese de Fargo, mejor que nuevos adalides del country alternativo como Jason Molina o Will Oldham, mejor que Leonard Cohen o Elliott Murphy... y mejor que Springsteen. En serio.
Luego se enchufaron Mock Orange, cuatro tirillas de Indiana famosos en las radios universitarias yanquis. Ante una treintena de valientes (nutrida con muchas valientas, debemos señalar), los indies de Indiana tocaron a pelo, a dos guitarras, y sonaron reales, entre Pavement, Pixies y Dead Cab For Cutie, y merecieron la pena.