Dmitry Piterman se somete hoy a un partido y a una protesta popular. En el campo, el presidente atenderá al juego del equipo, el Alavés, que asume la obligación de imponerse al Racing para aliviar sus penas. Pero antes, durante y después de la contienda, el máximo accionista recibirá de la hinchada o de parte de ella el primer tirón de orejas por sus constantes desmanes. Sin precedentes en el alavesismo, la jornada en Mendizorroza se presenta intensa y crispada. A las cuatro de la tarde, las peñas han convocado a una manifestación contra el presidente que partirá de la Virgen Blanca. Jamás se habían combinado hasta este extremo fútbol y movilización en torno a la entidad vitoriana.
Ayer, Piterman sólo habló de juego en Ibaia. Pasó por encima de otras consideraciones que rodean al encuentro frente al Racing, su otro club, del que aún posee en propiedad un 4,9% de acciones, aunque controla indirectamente otra pequeña porción del capital social. El ucraniano se refugió en el comunicado del día anterior, a través del cual daba un paso atrás y se disculpaba en parte ante su público, al que en otras ocasiones ha despreciado, para intentar zanjar un asunto que le ha superado por su innata tendencia a crearse problemas. Lo dicho, dicho está. Hoy le toca hablar a la afición y, sobre todo, a los futbolistas. Y a Piterman, en un papel que le incomoda, le corresponde escuchar.
El partido se presenta crucial para un Alavés que está obligado a abstraerse de otros aspectos que no sean los futbolísticos para dar cumplida réplica al Racing. Quizá el escenario no sea el más propicio, pero es el que es y con él tiene que apechugar. El equipo albiazul dispone de otra oportunidad para sumar en casa y avanzar en su huida del descenso. Recibe al Racing, un adversario directo, al que meterá en agobios si le vence. Pero cualquier otro marcador se acogerá con insatisfacción general y repercusión clasificatoria.
Piterman, más comedido y templado que nunca, con un semblante desconocido en él, desmenuzó el Alavés-Racing con un análisis que dejó ver la trascendencia deportiva del duelo. «Es un partido de alta tensión, por la rivalidad, porque ganamos allí en la primera vuelta (1-2) y porque ahora es importante mantener el ' golaverage'», expuso el empresario. «Lo importante es seguir sumando. Si se puede ganar, perfecto, y nada más», añadió.
Confía en que los integrantes de la plantilla se sitúen a la altura de la cita, «que todos estén un poco más motivados, no sólo porque viene el Racing, sino porque necesitamos los puntos». De una forma sutil, Piterman emplazó a un vestuario aturdido por los acontecimientos, con la inquietud en sus piernas, y expectante por la trascendencia de la protesta social. «A veces no sé cómo tratar esta excesiva motivación», desveló el mandamás. «El año pasado, por experiencia, cuando salíamos supermotivados, agresivos y ofensivos, era cuando perdíamos, incluso en casa. Así que la idea es jugar con una motivación óptima, la cabeza fría y mucha intensidad», relató.
Un vestuario aturdido
Piterman aclaró que los jugadores ya se van haciendo al nuevo entrenador, a un Mario Luna que se presenta hoy eclipsado, desde el anonimato. «He visto que los futbolistas ya empezaron a pasar página y a centrarse en el trabajo con el nuevo técnico y la nueva organización. Cada semana irán a más, pero tengo que reconocer que con el cambio se quedaron todos sorprendidos», admitió el presidente, que se ha perdido entrenamientos esta semana porque el martes estuvo en Londres viendo el Chelsea-Barcelona, invitado por la directiva azulgrana.
El Racing le inspira «precaución». «Ellos juegan diferente en casa que fuera. Como visitante suele ser un equipo muy junto, muy resultadista. Es un conjunto que en la parte de arriba tiene futbolistas bastante técnicos y rápidos, que al contragolpe te pueden hacer daño».