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Domingo, 26 de febrero de 2006
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DEPORTES
ALAVÉS
Más que un club
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En los tiempos que corren, con el deporte absolutamente mercantilizado, hay poco espacio para el romanticismo. Con el único patrón del dinero, con la posibilidad de comprar y vender todo lo que tenga precio, a lo más que podemos aspirar es a que nuestro club o el de nuestra ciudad gestionen bien sus recursos, den espectáculo, traten de obtener buenos resultados y dejen una impresión del lugar al que pertenecen, por lo menos no negativa. Un club es una empresa privada, pero representa también a una ciudad cuando tiene tras de sí una historia o cuando disputa una competición representativa. En este sentido, todos somos 'más que un club'.

La imagen de esta semana es tan palmaria que nos evita intentar ser originales. El Baskonia de baloncesto, bien gestionado como empresa, bien dirigido deportivamente, con buenos resultados y querida por su afición e incluso por quienes no somos aficionados, representa la cara amable, la Vitoria y Álava bien representada por los colores de un club. El Deportivo Alavés de fútbol es justo lo contrario. Para resumir, digamos que su propietario viene a ser la caricatura síntesis de todos los sátrapas que han conseguido auparse a la presidencia de un club de fútbol desde que existe esto de las sociedades anónimas deportivas y todo se compra y se vende.

Los peores valores

Y en correspondencia con ello, o mejor, como argumento para ser incluido en esa infame tropa, Piterman se caracteriza por representar algunos de los más abyectos valores y formas que puede enarbolar un personaje público: despreciativo, arrogante, chulesco, materialista... ¿Para qué seguir! Unos valores y formas abyectos que son los mismos hoy que el día en que el Alavés volvió a Primera. Algo que se olvida con demasiada facilidad y que nos degrada cuando ahora nos queremos poner dignos ante nuestros niños.

«¿Qué hacer?», que dijo aquél. Primero, protestar y rechazar. Dmitry está arrastrando por los suelos el nombre de la ciudad y de la provincia, y eso no le pertenece ni a él ni siquiera al club. Segundo, presionar desde todas las instancias para que este sujeto venda antes de dilapidar y tengamos que ir a rescatar el club a Tercera. Otras torres más altas han caído por aquí cerca. Tercero, cortarle el grifo de todo tipo de ayudas y reconocimientos institucionales y perseguir y responder como se debe a sus provocaciones y desafíos. Cuarto, y aquí viene el asunto, propiciar otra mayoría futura que gestione el club, ya sea a través de la popularización de acciones -un procedimiento que cuenta aquí con algún pasado poco propicio-, ya a través de la llegada de uno o varios de esos empresarios con el dinero por castigo, con cariño al club y con recursos como para disponerlos en la gran vanidad que rueda con el balón.

Alguien que simplemente gestione como lo hacen los de baloncesto y que no nos avergüence a los que no tenemos ningún tipo de implicación con la pelotita y sólo acudimos a esta página por los efectos colaterales para la identidad colectiva. Que luego entre o no el balón, ante lo que tenemos delante, es lo de menos.



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