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Domingo, 26 de febrero de 2006
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DEPORTES
Bilbao Basket
La apatía anula al Lagun Aro
A remolque del Estudiantes, no se involucró lo necesario en una batalla que los colegiales ganaron sin sufrir ningún sobresalto
FRENADOS. La defensa estudiantil fue un muro infranqueable para los jugadores rojillos.
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LAGUN ARO ESTUDIANTES -
92 81

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El Lagun Aro se lo puso fácil al Estudiantes. No incluyó en su examen ninguna asignatura dura para los del Maeztu, que se toparon con un simple control de evaluación asequible a sus conocimientos. Fue para los madrileños una tarde placentera en la que les bastó hacer lo que mejor saben, rebotear, jugar sin ataduras y correr cuando les fue posible. Virtudes que el Lagun Aro conocía y que careció de argumentos para contestar.

Cuando un oponente llega al descanso con más rebotes en ataque que el otro implicado en defensa, mal asunto. Son muchas segundas oportunidades para anotar, para hacer daño y para reforzar la confianza del que se tiene enfrente. Fue así, con el dominio incontestable en la pintura, como el Estudiantes elevó su condición de ganador. Nadie podía cortar la conexión entre los pasadores y Will McDonald para solaz del norteamericano, que se puso literalmente las botas. La cuestión cae en el debe de los pívots rojillos tanto como en quienes no hicieron nada para bajar la barrera e impedir una circulación placentera del esférico. Entre el de Nueva Orleans y su tropa de asalto, cualquier balón suspendido tras rebotar en el aro se sabía que acabaría en manos locales. Está bien que Jiménez, Jasen o Suárez no sean mancos. Pero, desde la grada, lo visto incitaba más a hablar de frialdad y falta de combatividad que de inferioridad real.

20-8 era el marcador al descanso en lo que a rebotes se refiere. De la veintena estudiantil, nueve en ataque, una captura más que la total acumulada por los de La Casilla. Así es imposible aspirar a ganar un partido. Si a eso se le añade que los de Pedro Martínez estaban con el punto de mira bien calibrado, el panorama se oscurecía a cada minuto que avanzaba el cronómetro. Además, la comodidad reinaba en el bando local hasta el punto de incidir una y otra vez en su sota, caballo, rey, el 'abc' que le ha llevado a convertir el Madrid Arena en una cancha donde sólo han ganado quienes asumen sin rubor el cuerpo a cuerpo. La media de los estudiantiles ante los suyos era la referencia que se habían marcado. El promedio de 86-82 cobraba forma por momentos, sobre todo consumado el segundo cuarto en el que el 'Estu' se despojó de reticencias y machacó como quiso a los vizcaínos endosándoles 29 puntos en dichos diez minutos.

En la continuación no se vieron grandes cambios. Vidorreta intentó combinar sus defensas, pero las zonas mixtas se abrieron en canal con un balón interior para McDonald y un triple de Azofra. La solución no surtió efecto y seguir intentándolo era una osadía tal como estaba el equipo, apático, irregular, con conatos de recuperación que venían invariablemente secundados por tirones locales.

Tampoco tuvo el Adecco que echar de menos a un Carlos Jiménez penalizado por las personales. No le hacía falta ningún impulso extra. Al contrario, la apatía bilbaína acabó por contagiar a los del Madrid Arena, que comenzaron a dejarse puntos y pujanza por el camino. Las licencias de Sergio Rodríguez se tradujeron en cuatro pérdidas y tuvo que saltar a la cancha Nacho Azofra para hacer lo que mejor sabe: aprovechar su veteranía para recuperar el control y, de paso, dejar constancia de su buena mano desde la línea de tres. Hubo resquicios para la esperanza. Para ello sólo bastó la relajación madrileña y un rebrote de amor propio de los de Vidorreta. Rebajaron la barrera de los diez puntos de desventaja en varias ocasiones pero volvieron a las andadas. Los balones aéreos o les resultaban inalcanzables o se les escurrían de las manos. En cualquier caso, el resultado era el ya conocido, más raciones de segundas opciones para los de Pedro Martínez.

Y así se acabó la historia. Con un ir y venir a la línea de personales, en la que el Lagun Aro se dejó cuatro puntos consecutivos (Scott y Rancik) que quizá podían haber contribuido a consumar una reacción que nunca llegó. Con tres derrotas consecutivas, toca apretarse los machos ante lo que se vislumbra en lontananza, un calendario maléfico.



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