Su acento la delata. Lleva 17 años viviendo en Londres y el inglés se ha colado de lleno en la vida de Marian de Marcos, una eibarresa de 44 primaveras que ya se encuentra muy enraizada en tierras británicas. «Me he adaptado bastante bien, me gusta la forma de vida inglesa. Si quisiera regresar el problema sería el trabajo, porque allí hay más oferta en ese sentido», comenta.
Nació en Guadalajara, si bien antes de cumplir los 2 años sus padres emigraron a Eibar, donde permaneció hasta los 26. «Hice magisterio, pero tampoco dominaba mucho el euskera, a pesar de haberlo estudiado, y eso suponía un hándicap», explica. Así fue cómo, tras trabajar un tiempo con su familia en un restaurante, decidió probar fortuna en la ciudad del Big Ben.
«Ya había ido antes dos veces y conocía un poco el mercado de trabajo, así que decidí regresar, en aquella ocasión como 'au pair'. No me fue demasiado bien, así que empecé a trabajar en labores de limpieza, más que nada porque tampoco hablaba bien el idioma y, además, otras posibilidades como la de ir a un hotel son peores, más duras, y encima pagan menos».
«A los dos años de llegar -sigue con su relato- me quedé embarazada y mi vida cambió. Luego estuve trabajando en una agencia de viajes durante un tiempo y, ahora, en un colegio inglés como ayudante de profesora, una profesión que aquí no existe. Estoy en el aula con la maestra y a disposición de ella, para lo que haya que hacer, como por ejemplo ayudar a niños que igual van más retrasados».
Se siente a gusto en su país de acogida. La gran alarma que sucedió a los atentados terroristas de meses atrás, por fortuna, ya ha pasado. «Es lo mismo de antes. La gente se adapta enseguida, no te queda otro remedio, porque para trabajar e ir al centro hay que tomar el transporte público y no cabe otra opción. No hay psicosis, aunque ahora se está dándole vueltas a la historia de las viñetas», apunta. En cualquier caso, la convivencia en una gran urbe multirracial no se ha visto afectada, según afirma. «Tengo muchos amigos musulmanes, hay mucha mezcla de razas y no hay un ambiente raro».
Marian, con un hablar pausado, sostiene que procura regresar de visita a Eibar «todos los veranos», siempre acompañada por su hijo, Eneko. «Su padre es originario de India; de allí es su primer apellido y va a un colegio español que es bilingüe. Le gusta ir a Eibar, pero aunque controlo el euskera como para mantener conversaciones, no se lo he podido enseñar».
Comida y fiesta
Ultimamente, cuando viene, pisa más las calles de Deba. «Es que mi hermana vive allí y, como generalmente voy durante los veranos, Eibar está vacío», justifica. «Siempre me chocaba el hecho de que todo estuviese cerrado. Recuerdo una vez que quise comprar un libro y fue imposible. Incluso para tomar un café me tenía que ir de Amaña al centro», evoca.
Pero como recientemente tuvo ocasión de ver la localidad armera en plena actividad y bajo el rigor del invierno, su capacidad de observación la ha llevado a entresacar otras conclusiones: «Me ha llamado un poco la atención el estado de los edificios. Aunque se van construyendo casas nuevas, me parece que el pueblo está un poco viejo».
En la misma línea opina que el municipio eibarrés siempre le ha parecido «un poco cerrado geográficamente» y lo nota más cuando viene de «un espacio tan abierto». Aún así matiza que «también tiene su encanto».
Lo que más añora es «la comida, porque se come mejor, y también el ambiente festivo, ya que allí hay menos y está todo más regulado por los horarios».
Puestos a exportar algún comportamiento británico, se fija en las formas.
«Igual la gente de ahí somos un poco brutos, sobre todo a la hora de hablar. En Londres, una ciudad con muchas culturas y razas, mantener las cortesías es muy importante a la hora de llevarse mejor». Eso sí, resulta «carísimo el transporte, la vivienda y todo en general», reconoce.