Don Carnal tiene ya dos nuevos compañeros de viaje. El desfile de las comparsas sirvió de presentación a los dos nuevos grupos que a partir de ahora ayudarán a fomentar el ambiente festivo en la ciudad. Con los nervios de un estreno, Txinbotarrak y Arco Iris estuvieron a la altura de las circunstancias y demostraron que, a pesar de contar con poco tiempo para prepararlo todo, la alegría nunca falta en Carnaval.
Los primeros en someterse al jurado popular fueron Txinbotarrak, cuyo nombre tiene su origen en el 'txinbo', un pájaro común en los antiguos cañaverales de Zorroza. Sus 112 comparseros, de los que 60 participaron en la bajada de Hurtado de Amézaga, apostaron en su «primer acto importante» por describir un problema de este barrio. «Hemos querido trasladar nuestra crítica hacia el aparcamiento subterráneo que nos quieren construir debajo de los terrenos del parque», explicó su portavoz, Iñaki Leonardo. Niños que juegan rodeados por obreros, personas mayores que no pueden sentarse en los bancos y, en el medio, un enorme dinosaurio morado emulando a una excavadora. El nombre lo decía todo: 'Jurasic Parking'. Los últimos en incorporarse a Bilboko Konpartsak fueron también los encargados de cerrar el desfile.
Arco Iris, integrada por unas 230 personas de países como Bolivia, Ecuador y Colombia, destacó por acercar los ritmos tropicales. Nació de la mano de la asociación boliviana Ukamau y en su denominación esconde un mensaje. «Somos los siete colores del iris no sólo por la variedad en la procedencia de la gente, sino también porque los colores son similares a los de las banderas indígenas Wipala», desveló Nemesio De Joaquín, uno de sus miembros.
Para ellos, el Carnaval bilbaíno «debería parecerse al de Bolivia, por eso de que dura 7 días y el pasacalles discurre a lo largo de cinco kilómetros». Ataviados con los trajes típicos de Santa Cruz, 30 bailarines movieron sus cuerpos al son de la música procedente de la parte oriental del país.