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Domingo, 26 de febrero de 2006
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Aumenta la población de cigüeñas en Orduña al asentarse diez ejemplares
Una pareja de esta especie de zancuda anida en Durango y otras 25 aves viven en cautividad en la Reserva de Urdaibai
ORDUÑA atrae a estas aves al no haber contaminación. / M. ATRIO
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El censo de cigüeñas ha crecido en Orduña. En el municipio se contabilizan ya diez ejemplares que habitan en cinco nidos. Las dos últimas aves han llegado hace una semana y, aunque un pelín más tarde, han hecho bueno el refranero popular -'por San Blas, la cigüeña verás'-.

Orduña se coloca así a la cabeza de los municipios vizcaínos con mayor número de pájaros de esta especie zancuda. En Durango anida otra pareja, mientras que en la Reserva de Urdaibai viven 25 ejemplares en cautividad desde el pasado octubre.

Las cigüeñas que eligen destino en Vizcaya se decantan por Orduña. «Aquí están a gusto, no hay contaminación, es un lugar tranquilo y no les falta comida», explican José María Pedrajas y Félix Fernández, miembros de la sociedad de caza y pesca local. Ambos han colocado una quincena de nidos, doce de ellos en Álava y tres en Orduña. El último lo instalaron el pasado sábado en el tejado del antiguo hogar del jubilado, en un céntrico edificio ubicado junto al hotel-balneario que ya habitó hace unos meses otra pareja. Ahora lo ocupan los dos últimos ejemplares llegados a la localidad.

Los nidos en las alturas han sido tradicionalmente una estampa típica de Orduña. Los vecinos más veteranos recuerdan que las cigüeñas sólo se han ausentado en una ocasión. «En 1963 un fuerte viento tiró los huevos y el nido. Entonces, las cigüeñas estuvieron veintiocho años sin habitar en esta zona, pero desde hace casi dos décadas nos han acompañado. Ahora tenemos diez, pero hemos llegado a contar hasta catorce», revela Fernández. Aquel nido que la ventisca arrojó de lo alto de la casa consistorial lo reconstruyeron estos dos vecinos en 1989. Hoy aún sigue en pie y da cobijo a dos ejemplares.

«Animales vagos»

El nido que se divisa en los altos del Convento de Santa Clara, en las afueras de la localidad, también es obra de Pedrajas y Fernández. Los dos que se encuentran en la Iglesia San Juan, sin embargo, los han construido las propias cigüeñas, «unos animales bastante vagos», dicen.

Además de en Orduña, las cigüeñas también anidan en Durango, una localidad que, pese a haber recibido varias bandadas, presenta un pobre censo con dos ejemplares. La Fundación Urdaibai trabaja desde hace tres años en impulsar el asentamiento de la población de cigüeñas en la zona. La pasada primavera los responsables de la reserva soltaron 14 aves que llevaban enjauladas dos inviernos, pero ninguna llegó a anidar por voluntad propia en Urdaibai. En otoño han traído de Lérida 25 ejemplares, que dejarán en libertad en marzo del año que viene. «Esperamos que esta segunda fase sea más exitosa y que en el futuro críen aquí», confía un portavoz del grupo.



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