El Alavés derrochó ayer sus recursos y perdió el hilo conductor que debe guiarle hacia la permanencia: las victorias en Mendizorroza. Del inédito y multitudinario partido-protesta que logró convocar Piterman quedó como trasfondo la fervorosa comunión de la grada con un equipo que de inicio respondió de forma sobresaliente ante un escenario crispado. También la dolorosa realidad de un empate incluso apurado pese a la doble ventaja. Cuando al cansancio y la desorientación albiazul se unió la incomprensible desidia del banquillo para refrescar al equipo, y, como remate, un árbitro pésimo y decisivo, el conjunto vitoriano vio cómo se escapaban dos puntos muy importantes. Importantísimos, más bien.
Voló el Alavés durante una de las mejores primeras partes de la temporada con alas de entrega y precisión futbolística. Un manual de recuperación y contragolpe ante un rival sobrepasado. Con el césped muy rápido por la lluvia la escuadra albiazul se impuso en todas las facetas. Regresó por fin De Lucas a la lucidez y el cuarteto ofensivo brilló sin descanso. Movilidad, claridad y definición para servir el golazo de Nene. El brasileño, otra vez activo, también recuperó el instinto. Por detrás, el equipo empujaba sin descanso en la presión con Juanito y Astudillo recolectando balones perdidos.
Penalti sí; penalti no
Pero el Racing se coló por un resquicio. Más bien por dos. Del error de Coromina al perder la pelota en zona prohibida se pasó a la primera zancadilla arbitral. Astudillo colocó su mano sobre el cuerpo de Melo -pesadilla albiazul toda la tarde- y el brasileño se lanzó al suelo un segundo después. Un mínimo roce del argentino le bastó a Pérez Lima para señalar un penalti algo más que riguroso. El mismo colegiado que ya en la segunda mitad y en la acción que desembocó en contragolpe cántabro y segundo empate omitió una clarísima mano de Alfaro. El central, que levantó la mano de forma voluntaria para interceptar un centro de De Lucas, resultó indultado para castigo alavesista.
Resultó decisivo el arbitraje aunque para entender el partido es necesario saber que el Racing encadenó hasta seis ocasiones muy claras de gol, además del tanto de Dalmat, en apenas ocho minutos. Porque la ventaja adquirida por el Alavés tras el séptimo gol de Aloisi se defendió sin el más mínimo sentido común. Del paso atrás para buscar el contragolpe se pasó en poco tiempo a otra tiritona febril. La que provocó Manolo Preciado con la entrada de Dalmat y Antoñito en el campo. Sacó del césped a Serrano y Matabuena, ambos desaparecidos, y colocó a dos hombres más incisivos. Del 4-1-4-1 al 4-4-2, esta vez con posesión del balón, profundidad y remate.
Cerca de perder
Ahí se quebró el Alavés, sin respuesta posible ni desde el campo ni desde el banquillo. Mendizorroza, ayer aún más sensible de lo habitual, estalló cuando, ya tras el 2-2, Blago sustituyó a Bodipo. En pleno vendaval del Racing sólo Costanzo, con intervenciones y forzando una tarjeta por pérdida de tiempo, puso unos gramos de lucidez. Ya con el empate sellado, Luna y Piterman sentaron al delantero sevillano, uno de los jugadores con mayor respuesta física e hipermotivado frente a su ex equipo.
La entrada del búlgaro, que mostró algún detalle de calidad, no arregló los problemas. Con Astudillo y Juanito ya sin oxígeno y graves problemas para sostener al equipo, el Racing tomó todas las parcelas del campo. Demasiados minutos de desaparición albiazul ante un adversario que rozó el triunfo para frenarse después al ser consciente de que un punto era suficiente para sus aspiraciones de evitar la cercanía de la cola.
Así languideció un duelo donde el Alavés careció de oficio para sujetar a uno de los adversarios más peligrosos a domicilio. Y la condena resultó casi inmediata. Dos horas después, concretamente, al certificarse el regreso a los puestos de descenso. Aquello que Oliva se afanaba en evitar después de que el equipo levantase la cabeza con tanto trabajo.
f.r.esquide@diario-elcorreo.com