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Lunes, 27 de febrero de 2006
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Una perversa e irracional moda se está imponiendo en el fútbol nacional. Cada vez es más habitual que los aficionados de un equipo, cualquiera que sea su nombre, se mofen e insulten a los jugadores negros que defienden la camiseta rival. Es una pésima costumbre que debe ser erradicada cuanto antes. El sábado se pudo ver la última versión de esta sinrazón que sobrevuela los terrenos de juego de la Liga.

En Zaragoza, harto de que se metiesen con su color de piel, Samuel Eto'o, en un acto de valentía, decidió tomar el camino de los vestuarios. Sólo la intervención de sus compañeros -Ronaldinho el más activo-, su técnico y algunos de sus rivales impidió que el pichichi del campeonato se quedase en el terreno de juego para seguir peleando por la victoria.

Y el destino, vengador, castigó a los aficionados maños. Nada más reanudarse el partido, el Barcelona se adelantó e impedía la victoria local. Ojalá les sirva de escarmiento a todos esos -no sólo a los que estaban en Zaragoza- que en lugar de animar a sus jugadores se dedican a ofender, con insultos y las absurdas imitaciones del sonido del mono, a los oponentes por una cosa tan natural y normal como el color de la piel.

Pocos se dan cuenta de que en sus equipos, esos a los que tanto aman, también hay futbolistas de raza negra. Sin ir más lejos, en el Zaragoza estaba Ewerthon, que salió en defensa de su oponente.

Lo ocurrido el sábado es el último caso. Pero esta costumbre lleva tiempo instalada. Por eso, ya es hora de que la Federación, los diferentes comités -preocupados muchas veces en asuntos nímios y sin relevancia- y la Comisión Nacional Antiviolencia tomen cartas en este asunto.

Es cierto que es muy difícil controlar a los millares de espectadores que cada fin de semana se dan cita en un campo de fútbol. También lo es que por un grupo de incontrolados no tiene que pagar todo una afición. Pero algo habrá que hacer porque sino, el día menos pensado, algún futbolista se hartará y podría tomarse la justicia por su mano.



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