El Correo Digital
Lunes, 27 de febrero de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Gibraltar no cede
Desde su creación hace más de un año y tras la congelación de facto del llamado 'proceso de Bruselas', en marcha desde 1984, el foro de diálogo tripartito sobre Gibraltar ha tratado de trabajar con discreción para resolver los problemas prácticos en la relación de este territorio con nuestro país; en principio sin prejuzgar la reclamación de soberanía de España. Asuntos como el uso conjunto del aeropuerto, las pensiones pendientes de trabajadores españoles en El Peñón antes de 1969, el cese de las reparaciones de submarinos nucleares británicos en la base, la mejora de las telecomunicaciones o el complicado paso por la verja han estado en la agenda de la última reunión de este foro de diálogo en el que España se comprometió a que cualquier decisión contaría con la aprobación de los habitantes de Gibraltar. Sin embargo, y pese al giro radical, y de buena voluntad, que la creación del nuevo marco de diálogo a tres bandas suponía para la estrategia de la política exterior española, no sólo no ha sido posible el acuerdo en estos aspectos tan concretos sino que las negociaciones podrían ahora verse muy afectadas por el borrador de Constitución que acaba de presentar Gibraltar.

La presencia de la representación gibraltareña en la mesa de diálogo podía haber abierto la puerta a que el Gobierno de la roca se viese presionado a cumplir los posibles acuerdos a los que se llegase. Pero, por el momento, lo que se está cumpliendo son las prevenciones que desde el mismo día de la creación del foro se alzaron frente al riesgo que representaba el cambio de actitud española. El golpe de timón que dio el Ejecutivo de Zapatero para desbloquear unas negociaciones que llevan casi tres siglos sin fructificar ha sido contestado por las autoridades de Gibraltar con el borrador de reforma constitucional, que incluye dos referencias al derecho de autodeterminación. Un gesto de los representantes de Gibraltar que convendría valorar en su justa medida y que explica el frenazo que la delegación española ha dado a la posible adopción de acuerdos de cooperación.



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