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Lunes, 27 de febrero de 2006
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Teherán pone a Japón ante un difícil dilema
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El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Manouchehr Mottaki, visita hoy Japón para examinar la crisis en torno al programa nuclear de su país y evitar unas sanciones que también Tokio considera inconvenientes para sus intereses. La visita de Mottaki ha puesto a Japón ante un complicado dilema: por una parte, Tokio se ve obligado a cerrar filas con Washington, su principal aliado, ante la arrogancia nuclear de Teherán, pero, por otra parte, Irán es el tercer abastecedor de crudo de este país.

Además, la indagación excesiva sobre el programa atómico de Irán puede atraer miradas recelosas sobre las propias investigaciones en ese campo de Japón, que también tiene instalaciones dedicadas al reciclaje de combustible nuclear usado. La esperanza de Tokio es que Teherán acepte finalmente el plan de enriquecer el uranio iraní en territorio ruso, posibilidad que se contempla como una salida temporal pero razonable a esta crisis que ha disparado la tensión en Oriente Próximo.

Consejo de seguridad

El ministro iraní tiene previsto reunirse en esta visita de tres días con su homólogo nipón, Taro Aso, quien esta semana aseguró que pedirá a Mottaki que su país acepte la propuesta rusa antes de que pueda ser demasiado tarde.

En su reunión del 6 de marzo, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) tiene previsto estudiar un informe sobre Irán y su Junta de Gobernadores ya ha indicado su intención de remitir el contencioso al Consejo de Seguridad de la ONU, paso que podría acabar en la imposición de sanciones al régimen de los ayatolá.

En respuesta, el Gobierno iraní ya anunció la suspensión de la aplicación del Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y exigido la retirada de las cámaras y precintos del AIEA de sus centrales.

Irán afirma que su programa nuclear está orientado a la producción de energía eléctrica, pero Estados Unidos y la Unión Europea creen que Teherán pretende obtener armas atómicas. Aunque Japón ha subrayado su alineamiento con la comunidad internacional y la exigencia de que exista un control sobre la actividad nuclear iraní, el Gobierno muestra mucha cautela a la hora de criticar al país persa.



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