El secretario general de la ONU, Kofi Annan, encomendó ayer a la Alianza de Civilizaciones la tarea de identificar medidas concretas y específicas para que se oiga la voz de los moderados y se frene el «círculo vicioso» de los prejuicios e incomprensiones mutuas que alimentan el extremismo y la violencia.
En su intervención de apertura de las segundas jornadas de trabajo del Grupo de Alto Nivel (GAN) de la Alianza de Civilizaciones, Annan subrayó la importancia de que la sociedad, y en especial los jóvenes, comprendan que «quienes gritan más alto o actúan de manera más provocativa» no suelen representar los verdaderos sentimientos de quienes dicen defender.
Este mismo mensaje fue defendido por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, en su intervención ante los 19 responsables de elaborar un proyecto concreto para llevar a la práctica las ideas de la Alianza de Civilizaciones. «Es mucho más lo que nos une que lo que nos divide», dijo Moratinos, quien pidió «insistir en la necesidad de diálogo, comprensión y respeto para que la voz de la razón no sea ahogada» por los extremistas.
Para el secretario general de la ONU, «el problema no son las creencias, sino los pequeños grupos que distorsionan la fe para apoyar su causa», por lo que apostó por animar a la mayoría moderada a «rechazar y denunciar a quienes se muestren irrespetuosos de los valores y principios de solidaridad presentes en todas las grandes religiones».
Annan explicó que la «intensidad de sentimientos» desatados por la llamada crisis de las caricaturas revela una tendencia al extremismo en todas las sociedades y una profunda incomprensión y desconfianza, fruto más de la proximidad que de la distancia entre las culturas. Subrayó que la libertad de credo, opinión y expresión lleva consigo una «responsabilidad inherente de no ser utilizada para degradar, humillar o insultar a ningún grupo o individuo».
La intolerancia
También destacó la necesidad de establecer un diálogo, no sólo entre políticos, académicos y diplomáticos, sino entre figuras sociales, como artistas o deportistas, que sepan hacer llegar a los jóvenes el mensaje de que la libertad de expresión implica también la responsabilidad de escuchar.
La diversidad, añadió, no es una amenaza sino una fuente de riqueza, y consideró que es demasiado tarde para volver a las guerras de religión.
Moratinos señaló que la crisis de las caricaturas pone de manifiesto la necesidad de que la Alianza de Civilizaciones se centre en la relación entre Occidente y el mundo islámico y en elaborar una serie de consejos concretos dirigidos a los gobiernos, organismos internacionales y la sociedad civil para evitar que «nos veamos arrastrados por actitudes de fanatismo y extremismo».
Moratinos sugirió la posibilidad de convocar una «reunión urgente» en el Proceso de Barcelona para apoyar este método de identificar los problemas políticos que alimentan la creciente desconfianza y diseñar las líneas de acción para frenar dicha situación.
Además, destacó que España esta dispuesta a «explorar la posibilidad» de rescatar algunos de los elementos de la resolución sobre «Lucha contra la difamación de las religiones» que fue rechazada por la UE para incluirlos en la resolución sobre la «Eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación» que la Unión plantea todos los años.